Año 1, núm. 12, julio de 2026
ISSN 3122-3583
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El momento en que las noticias dejaron de buscarse: análisis del Digital News Report 2026 de Reuters
Redacción El Diluvio
Las noticias ya no se buscan: aparecen. Este reporte confirma que redes sociales, video e inteligencia artificial superan por primera vez a la televisión y a los sitios de medios como fuente principal de información. El desafío no es solo periodístico: es democrático.
Las audiencias migran hacia plataformas donde la confianza en las noticias es menor, aunque el consumo informativo sea más cómodo.
Durante más de una década, el Digital News Report del Reuters Institute for the Study of Journalism ha documentado cómo el mundo se informa. La edición 2026 (1) —la decimoquinta— registra un hito que las y los editores de medios venían temiendo: por primera vez en los 48 mercados que abarca el estudio, las redes sociales y las plataformas de video superan a la televisión y a los sitios web de noticias como fuente principal de información.
Resalta, en este sentido que el 54 % de las personas encuestadas accede a noticias mediante estas plataformas, frente al 52 % que lo hace por televisión y el 51 % por medio de los sitios y las aplicaciones propias de los medios. Si se suman las y los usuarios de chatbots de inteligencia artificial (IA), la proporción de consumo intermediado por terceros asciende al 56 %.
El dato no describe una revolución instantánea, sino la culminación de una deriva lenta, pero sostenida. Desde 2020, el uso de la televisión como fuente de noticias cayó 13 puntos porcentuales; el de los sitios web de medios, 12. Lo que creció no fue la confianza en las plataformas, sino la comodidad: las noticias ya no se buscan activamente, sino que aparecen mientras la gente hace otras cosas en línea. El 30 % de las personas encuestadas afirma que las redes sociales y el video en línea son su fuente principal de noticias —ocho puntos más que hace cinco años—, y la proporción de personas que solo usa estas plataformas para informarse se ha duplicado desde 2020.
Este desplazamiento no es homogéneo. Entre los menores de 25 años, más de la mitad ya obtiene noticias principalmente por redes sociales, video e IA —32 puntos porcentuales por encima de cualquier otra fuente en ese grupo de edad—. El dato más revelador sobre la irreversibilidad del cambio generacional es este: el 56 % de las y los jóvenes de 18 a 24 años que no leen noticias en periódico afirma no haberlo hecho nunca de manera regular. No son desertores: son una generación que nunca llegó.
Una generación completa no abandonó el periódico: nunca llegó a leerlo de manera regular.
El crecimiento de creadoras y creadores de contenido completa el cuadro. Alrededor de una cuarta parte de las y los encuestados obtiene noticias de personas creadoras individuales especializadas en información; casi la mitad, de creadoras de cualquier tipo. Las audiencias les describen como “más entretenidos”, “más comprensibles” y “más cercanos” que quienes están en los medios tradicionales. Les consideran menos imparciales y menos confiables, pero siguen consumiéndo sus contenidos. Y en su mayoría los usan además de los medios tradicionales, no en su lugar: quienes siguen a creadoras y creadores consumen, en promedio, más medios convencionales que el encuestado típico. El fenómeno refleja que el periodismo no es reemplazado, sino que lo rodea y lo complementa con una lógica distinta.
La otra cara de esta transformación es la confianza. En 2026, solo el 37 % de las personas encuestadas afirma confiar en las noticias la mayor parte del tiempo —el nivel más bajo registrado por el estudio desde que comenzó a medirlo en 2015—. La caída afecta a 29 de los 48 mercados analizados. En Estados Unidos, apenas una cuarta parte de la población confía en los medios; entre las y los estadounidenses de orientación política conservadora, la cifra cae al 15 %. En México, la confianza también retrocedió.
El informe es cuidadoso al atribuir las causas: la caída no se explica únicamente por lo que los medios hacen o dejan de hacer; la desconfianza en las instituciones en general —gobiernos, parlamentos, liderazgos políticos— lleva décadas en descenso en la mayoría de los países y el periodismo no es inmune a ese clima. Cuando las audiencias perciben que las y los propietarios de medios, los anunciantes o los actores políticos influyen sobre la cobertura, la confianza general en las noticias se deteriora, aunque la confianza en marcas periodísticas específicas se mantenga más estable. Esta distinción es significativa: el público lector fiel a un medio concreto puede seguir confiando en él incluso cuando su confianza en “los medios” como categoría se derrumba.
A ello se suma un proceso que el reporte llama la trampa de la composición: las plataformas de redes sociales y video —donde la confianza en las noticias es del 22 %— están desplazando a las fuentes donde la confianza era mayor. Si la gente migra hacia formatos menos confiables, la confianza agregada baja, aunque ningún medio en particular haya empeorado. Así, la caída de la confianza en las noticias es, en parte, una consecuencia matemática del éxito de las plataformas.
La crisis del periodismo también es una crisis de ciudadanía: sin búsqueda activa de información, la democracia pierde suelo común.
El interés en las noticias sigue una trayectoria similar. Desde el pico pandémico de 2021, la proporción de personas que se declara muy o extremadamente interesada en las noticias cayó en promedio 13 puntos porcentuales en los mercados comparables. Hoy, una cuarta parte de las personas encuestadas son usuarias casuales o pasivas que apenas consumen noticias una vez a la semana y declaran escaso interés en ellas —proporción que en 2021 era del 16 %—. La evasión informativa se mantiene estable en el 42 % —un dato que en 2017 era del 29 %—: cuatro de cada diez personas evitan activamente las noticias al menos parte del tiempo.
Frente a este panorama, el reporte identifica un núcleo duro que resiste: quienes son “amantes de las noticias” —personas lectoras muy comprometidas, dispuestas a pagar y con hábitos de consumo diversificados— han disminuido en proporción, pero mantienen su intensidad de uso. Para los medios con estrategias de suscripción, este grupo sigue siendo un mercado viable, aunque más pequeño. El 17 % de las y los encuestados en los veinte mercados rastreados paga por noticias digitales —cifra que no ha cambiado respecto al año anterior— y casi la mitad de quienes pagan lo hace también por razones de valor: apoyo al periodismo como bien social, no solo por el acceso al contenido.
Un hallazgo que merece atención especial es el de la imparcialidad. A pesar del consenso entre analistas de que la objetividad periodística es un ideal superado, el 45 % de las y los encuestados sigue prefiriendo medios que no toman partido —proporción que duplica a quienes prefieren noticias que compartan su punto de vista—. El deseo de imparcialidad no ha desaparecido: lo que ha caído es la confianza en que los medios realmente la practiquen. Esta brecha entre el ideal y la percepción de la realidad es, probablemente, una de las tensiones más productivas —y más peligrosas— que el periodismo enfrenta hoy.
El Digital News Report 2026 no ofrece recetas. Sí ofrece un diagnóstico que debería incomodar a cualquiera que considere que el periodismo es parte indispensable de la vida democrática: las audiencias se alejan de las fuentes donde la confianza es mayor, el interés en las noticias declina y la generación que definirá las próximas décadas nunca aprendió a buscar información de manera activa. El desafío no es solo comercial. Es una pregunta sobre qué tipo de ciudadanía puede sostenerse cuando las noticias dejan de buscarse y empiezan simplemente a aparecer.
Referencias
- Egan, J., Robertson, C. T., Ross Arguedas, A., Newman, N., Nielsen, R. K., Mukherjee, M. y Fletcher, R. (2026). Digital News Report 2026. Reuters Institute for the Study of Journalism, Universidad de Oxford. DOI: 10.60625/risj-4vgf-s811.






























