Año 1, núm. 12, julio de 2026
ISSN 3122-3583
tendencia
El fin de la escasez: la vida humana en la abundancia extrema
Miguel Molina *
La automatización, la inteligencia artificial, la energía renovable y los costos marginales cercanos a cero abren una posibilidad radical: imaginar una economía posterior a la escasez material. La pregunta ya no es solo si es técnicamente posible, sino qué instituciones podrían hacerlo justo.
La tesis central de Aaron Bastani describe que la economía mundial ya inició un proceso de transformación absoluta. Gradualmente evolucionará entre la elección de medios escasos que tienen usos alternativos, hacia un mundo de abundancia extrema, libre y gratuita.
La línea de argumentación de la primera parte de su libro es explicar por qué ya es posible lograr el fin de la escasez de los productos y servicios básicos que requiere la humanidad completa.
En la segunda parte de su texto explora posibles procesos e instituciones que podrían desarrollarse para lograr la disponibilidad extrema gratuita y libre de todos los bienes y servicios básicos.
La tercera gran disrupción tecnológica apunta hacia una oferta extrema de información, energía y trabajo no humano.
El momento histórico
La historia humana ha sido moldeada por tres grandes disrupciones. La primera fue la domesticación de animales y plantas; la segunda, el desarrollo de la máquina de vapor y la industrialización. La tercera, la que vivimos actualmente, es la explosión de la generación y disponibilidad de información, las energías renovables, la inteligencia artificial y el trabajo no humano.
Francis Fukuyama proclamó en los noventa el “fin de la historia”, sugiriendo que el capitalismo liberal era el destino final de la humanidad. La lucha por la hegemonía entre Estados Unidos y China, el Brexit, la invasión de Ucrania, el ascenso económico de China e India, los conflictos en Sudán y otras áreas de África y en Gaza, y el surgimiento de movimientos populistas en occidente confirman que la historia no terminó: regresó con toda su fuerza. La humanidad parece haber perdido la capacidad de imaginar un orden colectivo distinto, convencida de que el capitalismo es más poderoso que nuestra capacidad de rediseñar la realidad.
Esta tercera disrupción tiene una característica distintiva: la tendencia hacia la abundancia extrema. La información, la energía y muchas formas de trabajo comienzan a producirse a costos cada vez menores que tienden a cero. A partir de ello surge la idea del “comunismo totalmente automatizado y lujoso”,(1) y la propuesta de una sociedad donde la automatización y el conocimiento tecnológico eliminan la escasez material.
Cinco crisis simultáneas definen el presente: el cambio climático, la escasez de recursos naturales, el envejecimiento poblacional, el excedente creciente de personas sin trabajo, y el capitalismo en la era de la mecanización, la robótica y la inteligencia artificial. Todo indica que el capitalismo y la democracia liberal tal como los conocemos están llegando a sus límites. La pregunta es: ¿qué viene después?
La tercera disrupción
Karl Marx, Joseph Schumpeter y Milton Friedman coincidían en que la innovación es una característica inherente al capitalismo: el imperativo de competir obliga a las y los capitalistas a encontrar formas más baratas de producir, muchas veces sustituyendo trabajo humano por máquinas. Lo que define a la tercera disrupción es la tendencia hacia la oferta extrema o total de bienes y servicios. La información, la energía y el trabajo no humano apuntan todos en la misma dirección: el fin de la escasez.
John Maynard Keynes también anticipó esta posibilidad. En 1930 escribió que el problema económico podría resolverse en aproximadamente un siglo gracias al progreso tecnológico y al interés compuesto. El verdadero desafío, decía Keynes, sería cómo utilizar el tiempo libre generado por la productividad.
En el capitalismo actual, el costo marginal de distribuir información es prácticamente cero. El conflicto del sistema radica en la imposibilidad de procesar o distribuir bienes informáticos sin buscar un margen de ganancia privada, bloqueando el libre flujo de los recursos.
La automatización plantea la interrogante de qué ocurrirá cuando el capital absorba por completo las tareas del trabajo humano. La velocidad de transición de la fuerza laboral se constata históricamente con dos ejemplos: la sustitución del transporte equino por automóviles a principios del siglo XX y la drástica reducción de la población económicamente activa en el sector agrícola.
Datos que ilustran la velocidad del cambio: un gigabyte de almacenamiento costaba aproximadamente 200,000 USD en 1980; en 2014 el precio era de tres centavos. La curva de Henderson establece que los costos de producción de manufacturas decrecen más del 20 % cada vez que la capacidad de producción se duplica. Aplicada a la energía solar, esta lógica es deslumbrante: la capacidad de generación fotovoltaica se duplicó cada dos años entre 2004 y 2014, y el costo por kilovatio/hora solar pasó de 50 centavos de dólar en los noventa, a apenas tres centavos en 2026.
La información “quiere ser libre”: su costo de obtención, procesamiento y distribución se reduce exponencialmente. Las tecnologías desarrolladas dentro del sistema capitalista ahora tienden, paradójicamente, a destruir la idea misma de escasez.
El capitalismo enfrenta una paradoja: produce tecnologías capaces de reducir la escasez, pero conserva reglas que restringen el acceso.
Automatización total: el trabajo en la era posescasez
La llamada “paradoja de Moravec” sostenía que las máquinas podían resolver problemas matemáticos complejos, pero no realizar trabajos manuales poco calificados. Esa paradoja ha perdido sustento. En abril de este año, un robot ganó un medio maratón en Beijing rompiendo el récord de la categoría. Los “taxis autónomos” operan ya en múltiples ciudades del mundo y se estima que los vehículos autónomos de transporte y logística, capaces de operar las 24 horas, los siete días de la semana, serán el siguiente paso. El sector del transporte y almacenamiento representa entre el 8 y el 10 % de la fuerza laboral mundial.
La velocidad del cambio puede apreciarse en la agricultura, silvicultura, ganadería y pesca: en 2017, solo el 1 % de la fuerza laboral en Estados Unidos y el 0.5 % en Argentina trabajaba en el sector primario, frente al 12 % en México, 28.4 % en Perú, 66 % en Etiopía o el 43 % en India.
Asimismo, la automatización avanza en actividades de alta calificación, como la asesoría legal —donde firmas como Deloitte estimaron la pérdida de miles de empleos técnicos desde 2016—, la cirugía médica y el cálculo fiscal.
A diferencia de las tesis tradicionales que sugieren que el aumento de la productividad no libera tiempo de ocio, la evidencia histórica demuestra una tendencia a la reducción de la jornada laboral: las extenuantes jornadas de 14 horas de la Inglaterra del siglo XIX contrastan con la adopción global contemporánea de semanas laborales de 40 horas.
El capitalismo industrial fue posible gracias a los combustibles fósiles. La tercera disrupción lo será gracias al sol. Noventa minutos de la energía solar que llega a la Tierra equivalen a la demanda energética global de un año completo. La demanda de energía en los países más ricos ya empieza a declinar; en el Reino Unido se ha reducido 2 % anual desde el año 2000 mientras la oferta renovable crece exponencialmente. Se estima que el 80 % de la población mundial habita zonas con suficiente radiación solar para depender completamente de energía fotovoltaica. Arabia Saudita proyecta cubrir el 100 % de sus necesidades energéticas con energía solar para 2030.
La democratización de la energía tendrá implicaciones profundas. La energía barata reducirá costos de transporte, manufactura, vivienda y producción de alimentos, y disminuiría también la presión ambiental asociada al cambio climático.
La abundancia extrema no será emancipadora por sí misma; dependerá de las instituciones que organicen sus beneficios.
Recursos naturales, medicina y salud, alimentos: el fin de la escasez
En cuanto a recursos minerales, existe preocupación por la disponibilidad de litio, níquel, cobalto y otros materiales necesarios para baterías y tecnologías verdes. La respuesta está en los cielos: China, India, Japón, la Unión Europea, Nueva Zelanda, Rusia y Estados Unidos ya han enviado satélites que han confirmado la disponibilidad prácticamente ilimitada de estos minerales en asteroides cercanos. Adicionalmente, gran parte de estos metales puede recuperarse del enorme volumen de desechos tecnológicos acumulados en el último siglo, lo que convierte este desafío en un problema técnico resoluble, no en un límite estructural.
En 1930 la población mundial era de 2 000 millones de habitantes y la esperanza de vida promedio no llegaba a 50 años. En 2026 somos 8 500 millones de habitantes y la esperanza de vida global es de 71 años. El Proyecto Genoma Humano, concluido en 2003 con un costo de 8,000 millones de USD permitió mapear el ADN humano. En 2015 el costo de secuenciar un genoma individual se había reducido a 1,000 USD. Esta caída exponencial promete transformar la medicina de reactiva a preventiva, identificando predisposiciones y revirtiendo procesos infecciosos antes considerados irreversibles.
En alimentación, la superficie agrícola global representa el 37.5 % de la tierra y no ha crecido desde los años setenta, a pesar del aumento poblacional —lo que prueba el enorme avance tecnológico en productividad por hectárea—. Pero la ganadería sigue siendo espectacularmente ineficiente. La carne cultivada en laboratorio (cell-cultured-meat) representa una alternativa transformadora: según un informe de las universidades de Ámsterdam y Oxford de 2011, este método requiere 45 % menos energía, 99 % menos superficie de tierra y 96 % menos agua que la ganadería convencional, con emisiones de gases de efecto invernadero 96 % menores. La primera hamburguesa producida así costó 325,000 USD; hoy el costo es de 12 dólares por cada 100 gramos y se proyecta que en menos de una década alcanzará la paridad con la carne tradicional.
Política, poder y la construcción de un futuro posible
La propuesta de Bastani no es sobre el futuro: es sobre un presente que todavía no alcanzamos a entender del todo. La tercera disrupción —oferta extrema de información, trabajo no humano y energía— está ya en marcha. Las tecnologías que pueden acabar con la escasez material para toda la humanidad existen o están a punto de existir.
La paradoja más poderosa de nuestra época es que el capitalismo mismo ha generado las herramientas para superarse. Lo que se requiere ya no es tecnología, sino voluntad política y capacidad de imaginar colectivamente un orden distinto. Ese mundo mejor, más igualitario, próspero y creativo, ya está aquí.
El objetivo será asegurar acceso a vivienda, salud, educación, transporte, energía e información, independientemente de la capacidad individual de generar ingresos en el mercado laboral.
Sin embargo, esto requiere una transformación política profunda. Bastani sostiene que el neoliberalismo ha capturado la imaginación colectiva al presentar al capitalismo de mercado como única alternativa posible. Se propone romper con esa lógica mediante políticas sociales y económicas concretas:
- Suministro progresivo y proteccionismo municipal: fortalecimiento de las capacidades e infraestructura productiva de los gobiernos locales y regionales.
- Sistemas financieros socialistas: creación de una red de banca pública, local y regional destinada a financiar proyectos de desarrollo comunitario, restando poder e incentivos a la economía financiera especulativa.
- Servicios básicos universales: nacionalización y gratuidad de sectores estratégicos que dejen de operar bajo la lógica del lucro privado: educación, salud, vivienda, alimentación, transporte, energía e información.
Como medida transitoria frente a la automatización, se considera la implementación del Ingreso Básico Universal, conforme los costos marginales de producción se aproximen a cero.
La transición hacia una sociedad posescasez también implicaría redefinir indicadores económicos tradicionales. El producto interno bruto mide producción y consumo, pero no bienestar, igualdad o sostenibilidad. En una economía donde muchos bienes tienden a costos marginales cercanos a cero, el crecimiento económico convencional pierde capacidad para describir la realidad social.
El cambio climático aparece como un reto más urgente. La automatización y las energías renovables podrían reducir drásticamente las emisiones contaminantes, pero ello exige coordinación internacional y voluntad política.
En este nuevo escenario, el trabajo remunerado dejaría de ser el centro organizador de la vida humana. La automatización permitiría producir abundancia con menor o casi nulo esfuerzo humano, liberando tiempo para actividades creativas, educativas, culturales o comunitarias. El reto no es tecnológico, sino político: decidir cómo redistribuir los beneficios de la abundancia.
El futuro de la humanidad totalmente automatizado y lujoso no debe entenderse como una predicción inevitable, sino como una posibilidad histórica. Las mismas tecnologías que podrían democratizar la prosperidad también podrían reforzar desigualdades y formas nuevas de explotación. La automatización, la inteligencia artificial y la información pueden servir para construir sociedades más igualitarias o sistemas más concentrados y autoritarios.
Bastani no describe una utopía de un futuro remoto, sino una cartografía para interpretar las tendencias tecnológicas del presente. La superación de la escasez material es una posibilidad técnica real; el desafío actual reside en articular la voluntad política colectiva para construirla.
* Consultor económico independiente.
Referencias
- Bastani, Aaron (2019). Fully Automated Luxury
Communism. Verso Books.






























