Año 2, núm. 13, agosto de 2026
ISSN 3122-3583
tendencia
Brasil: ¿país de migración, tránsito o acogida?
Maria Catarina Chitolina Zanini *
Esta nación pasó de expulsar población a recibir nuevas migraciones del sur global. Su legislación reconoce derechos, pero la acogida real todavía enfrenta empleos precarios, burocracia, militarización e infancias que siguen siendo invisibles.
Brasil es un país que hoy cuenta, según estimaciones del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), con aproximadamente 213 421 037 habitantes y presenta una gran diversidad de grupos étnicos y raciales en su historia demográfica. Es un país colonizado por portugueses quienes, a su llegada en 1500, se encontraron con diversas sociedades indígenas a las que diezmaron y subyugaron. Posteriormente, mediante el comercio de esclavos (1550-1850), trasladaron a diversas poblaciones africanas al territorio brasileño.
Con la apertura de los puertos en 1808, el país comenzó a recibir poblaciones extranjeras: en 1824 se inició la inmigración alemana y, a finales del siglo XIX, la inmigración masiva de italianas e italianos. Brasil también recibió a otros grupos, como japoneses, ruso-alemanes, judíos, sirio-libaneses y polacos, entre otros. Durante siglos, su composición demográfica estuvo alineada con los intereses de los gobiernos locales, convirtiéndose en un país con gran diversidad racial, étnica, religiosa y lingüística, aunque también con conflictos internos derivados de esta complejidad.
La Ley de Migración de 2017 cambió el paradigma legal: de la seguridad nacional a los derechos humanos.
A partir de esta diversidad se conformó la sociedad brasileña; sin embargo, de manera hegemónica, por medio de sus gobiernos existió una tendencia a imponer o afirmar al país como una tierra católica, blanca y de habla portuguesa. Dicha narrativa se intensificó con la campaña nacionalista de Getúlio Vargas en la década de 1930. Después de la Segunda Guerra Mundial, los flujos de personas inmigrantes internacionales hacia Brasil disminuyeron numéricamente y se volvieron más esporádicos.
En las décadas de 1980 y 1990, Brasil se convirtió en un país de emigración, especialmente hacia Norteamérica y Europa, una tendencia que cambió particularmente después de 2010 con la llegada de personas inmigrantes haitianas. A partir de ese periodo, por diversas razones, el país se transformó en un polo de atracción para las y los migrantes. En 2017, la nueva Ley de Migración (Ley 13.445/2017) rompió con el paradigma de la migración como cuestión de seguridad nacional y comenzó a considerarla, al menos legalmente, como un derecho humano.
Asimismo, se observa que el flujo migratorio de personas venezolanas hacia Brasil se intensificó significativamente a partir de 2015, alcanzando aún más entre 2016 y 2018. Esta movilidad fue impulsada por la insatisfacción de estas poblaciones con la situación económica, política y social en Venezuela.
Estos nuevos flujos generaron nuevos instrumentos y tecnologías estatales para recibir a estas poblaciones, tales como la visa humanitaria y el proceso de interiorización, gestionados como “migraciones de crisis” que requieren respuestas más rápidas y efectivas. Dentro de estas dinámicas, se observa una creciente feminización de la migración y el aumento exponencial de la migración infantil y juvenil. Estos niños, niñas y jóvenes, ya sea en familia o solos, plantean constantes desafíos para una acogida digna y responsable.
Tras la pandemia por covid-19 (2020 y 2021) resurgió la tendencia a la securitización, lo que generó cierta inmovilidad y obligó a las personas migrantes a buscar nuevas estrategias para continuar su búsqueda de un futuro mejor. En este escenario, la visa humanitaria de acogida fue una solución legal ad hoc creada por el gobierno brasileño para gestionar los flujos migratorios de crisis que no se ajustaban a la definición clásica de estatuto de refugiado de la Convención de 1951. Esta visa permite la entrada regular, el derecho al trabajo y el acceso a los servicios públicos; en el caso de la población haitiana, se estableció mediante la Resolución Normativa (RN) núm. 97/2012 del Consejo Nacional de Migración (CNIg).
Según datos del Informe Consolidado OBMigra 2024, el año 2022 marcó un récord histórico con 51 032 inscripciones de niños, niñas y adolescentes (de 0 a 18 años), con una fuerte presencia de la primera infancia (de 0 a 6 años) en los flujos recientes.(1) Este informe, con datos correspondientes a 2022, 2023 y el primer semestre de 2024, señala una continua migración interna de las y los inmigrantes en el país, caracterizada por su desplazamiento hacia sectores económicos específicos, como las plantas procesadoras de carne y otras industrias, especialmente en la región sur del país.
Por otra parte, la Operação Acolhida (Operación Acogida) es una iniciativa del gobierno federal liderada por la Casa Civil y ejecutada con apoyo logístico de las Fuerzas Armadas, en colaboración con agencias de la ONU y organizaciones de la sociedad civil. Esta composición militarizada ha generado críticas y reservas respecto a la gestión de fronteras, el alojamiento y los procesos de migración interna.
La acogida abre puertas, pero muchos perfiles calificados terminan confinados en los empleos peor pagados.
A pesar de que muchas y muchos de estos inmigrantes cuentan con formación académica y calificaciones profesionales, solo logran encontrar empleo en los sectores menos especializados de las empresas. De acuerdo con el Informe OBMigra 2024, la región sur tiende a absorber mano de obra intensiva —particularmente en el sector agroindustrial (plantas de faena de aves y cerdos)—, pero registra el ingreso promedio más bajo para las y los inmigrantes en el país.
En este contexto, según los datos del informe, el número total de personas venezolanas desplazadas en Brasil alcanzó los 568 058 en mayo de 2024, mientras que las y los cubanos y haitianos siguen siendo grupos prominentes en las solicitudes y registros de asilo. Según datos del CadÚnico (Registro Único de Programas Sociales), muchas de las personas inmigrantes que llegan se encuentran en situaciones de vulnerabilidad y necesitan asistencia gubernamental; sin embargo, cabe destacar que Brasil también recibe migración calificada, especialmente de países como Argentina, Chile, China, Estados Unidos y diversos países europeos.
Brasil se ha consolidado como un centro de acogida para países del sur global, particularmente de América Latina y el Caribe (Venezuela, Haití, Bolivia) y África (Angola, Senegal, República Democrática del Congo). Cabe destacar también que muchas y muchos de estos inmigrantes a veces solo transitan por el territorio nacional con el objetivo de llegar a otros países como destino final, como Estados Unidos o incluso Europa.
Si bien la crisis económica que comenzó en 2015 ralentizó el ritmo de algunos de estos flujos, Brasil sigue siendo un destino central en las rutas migratorias sur-sur debido a su marco legal, considerado favorable, y a la necesidad estructural de reponer su fuerza laboral en sectores específicos. Para Rosana Baeninger, demógrafa afiliada a NEPO/Unicamp, la inmigración internacional a Brasil en el siglo XXI debe entenderse como un fenómeno social complejo que refleja la reestructuración del capital global y la nueva división internacional del trabajo(2, 3 y 4).
Finalmente, el Censo Brasileño de 2022 proporciona una visión cuantitativa de esta realidad por medio de cifras.(5) Muestra que la migración internacional aumentó de 592 448 a 1 009 341 personas, lo que representa un incremento de 70.3 % con respecto al censo anterior.
Infancia en los procesos migratorios en Brasil
Ante la creciente presencia de niños y niñas en los procesos de desplazamiento hacia Brasil, en 2022 se creó la Red de Infancia Protagonistas: Migración, Arte y Educación, la cual está integrada por personas investigadoras, docentes, activistas y migrantes que trabajan para comprender y garantizar la dignidad de estos niños, niñas y jóvenes en el proceso migratorio. Su objetivo principal es valorar el papel y la capacidad de acción de la infancia en los procesos de desplazamiento. Su creación surgió de la percepción de la paradoja entre el elevado número de niños, niñas y adolescentes menores de 18 años desplazados en todo el mundo (entre el 30 % y el 40 %) y la escasa atención que este grupo ha recibido en las políticas públicas brasileñas.
El trabajo de la Red —de la cual formo parte desde sus inicios— se estructura en torno a una propuesta colaborativa para la creación de políticas públicas dirigidas a la inclusión de niños, niñas y adolescentes inmigrantes y refugiados en las escuelas brasileñas, operando en tres frentes principales:
- Recopilación de datos: busca obtener panoramas estadísticos y estudios sobre la presencia de infancias migrantes en el sistema escolar brasileño.
- Escucha y cocreación: facilita la escucha activa con las infancias mediante prácticas artísticas y etnográficas, buscando asegurar que sean personas activas en todos los procesos.
- Formación docente: promueve actividades dirigidas a la formación continua y el fortalecimiento de capacidades de las y los docentes en diferentes partes del país.
Las infancias migrantes no son apéndices de los adultos: necesitan voz, escuela, protección y políticas propias.
La Red utiliza la etnografía performativa como metodología, la cual combina la observación participante con acciones artísticas y el intercambio concreto y el diálogo con las y los niños. Estas actividades buscan romper con las visiones centradas en las personas adultas y la “guetización” de personas inmigrantes, considerando la interculturalidad como una potente fuente de crecimiento educativo (https://www.infanciasprotagonistasunb.com.br/)
Nuestra preocupación es romper con la visión adultocéntrica que tiende a invisibilizar a niños y niñas relegándolos únicamente a la familia o como simples apéndices de las personas adultas. El objetivo es que sus historias sean escuchadas y valoradas, y asegurar que, desde un punto de vista estadístico e institucional, esta población joven y las infancias aparezcan como sujetos de derechos.
Asimismo, la red ha monitoreado cómo la población de niñas, niños y adolescentes acceden al sistema educativo brasileño. Si bien su matriculación está garantizada, los obstáculos principales terminan siendo la barrera del idioma, la burocracia, el desfase cronológico entre edad y grado escolar, el acoso escolar y los procesos de estigmatización. Muchas y muchos de estos niños traen consigo traumas, sufrimiento emocional, exposición prematura a la pérdida y dificultades de interacción, por lo que necesitan apoyo especializado. Además, para ayudar a sostener a sus familias en estos nuevos contextos, algunos niños o niñas trabajan y realizan esfuerzos enormes. Cuando ellas y ellos provienen de sociedades indígenas, como los warao de Venezuela, las complejidades son aún mayores. Muchas de estas experiencias se recogen en la obra Infâncias migrantes e refugiadas: Acolhida com arte e educação.(6)
Consideraciones finales
A partir de los datos analizados, se percibe una gran complejidad en los flujos migratorios internacionales hacia Brasil, tanto histórica como contemporáneamente, especialmente desde que el país se convirtió en un centro estratégico de destino en el eje sur-sur. Si bien no es el destino final, se ha convertido en un país viable para el proyecto migratorio.
A pesar de las dificultades, tras la Nueva Ley de Migración de 2017, el país se ha consolidado como una nación amigable para la movilidad gracias a sus programas de acogida e interiorización. Con la creciente presencia de mujeres, niños, niñas y jóvenes, esta migración plantea un reto ineludible: una educación y acogida adecuada para estas poblaciones.
Así, en la nueva complejidad de las migraciones internacionales —caracterizadas por el transnacionalismo y la circularidad—, estas personas migrantes, consideradas por la legislación como “sujetos de derechos”, buscan transitar hacia una igualdad social formal y efectiva en la que se inserten cualitativamente en la nueva demografía nacional.
* Profesora titular jubilada del Departamento de Ciencias Sociales de la UFSM (Universidad Federal de Santa María), Brasil.
Referencias
(1) Observatório das Migrações Internacionais (OBMigra). (2024). Informe Consolidado OBMigra 2024.
(2) Bógus, L.M.M., Baeninger, R. y Magalhães, L.F.A. (2021). Migración internacional en Sudamérica: el contexto brasileño. TRAVESSIA. Revista do Migrante, 32(87), 23-44. https://doi.org/10.48213/travessia.i87.945
(3) Domeniconi, J. de O. S. y Baeninger, R. (2017). La dinámica de la migración internacional cualificada al estado de São Paulo en el siglo XXI: los espacios de migración de los “trabajadores del conocimiento”. Cadernos Metrópole, 19(40), 749-775. https://revistas.pucsp.br/index.php/metropole/article/view/2236-9996.2017-4003
(4) Sales, T., y Baeninger, R. (2000). Migraciones internas e internacionales en Brasil: una visión general de este siglo. TRAVESSIA. Revista do Migrante, 13(36), 33-44. https://doi.org/10.48213/travessia.i36.742
(5) Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) (2022). Censo Brasileño 2022.
https://biblioteca.ibge.gov.br/index.php/biblioteca-catalogo?view=detalhes&id=2102187
(6) Hartmann, L. et al. (org.) (2025). Infâncias migrantes e refugiadas: Acolhida com arte e educação. São Paulo: Pimenta Cultural. https://www.pimentacultural.com/wp-content/uploads/2025/10/eBook_infancias-migrantes-refugiadas-2.pdf




























