Año 2, núm. 14, septiembre de 2026
ISSN 3122-3583
voces
Muerte Digna ¡Ya!: la empatía ciudadana frente a la polarización política
Samara Martínez
Cuando el cuerpo se apaga poco a poco, la voz ciudadana puede encender un movimiento nacional que trasciende colores partidistas y confrontaciones políticas.
Para la edición de septiembre de El Diluvio enfocamos los esfuerzos en un tema fundamental: el impacto de los movimientos sociales en la democracia, no solamente en México, sino en toda América Latina y el resto del mundo. En un momento histórico en el que la polarización parece ser el único camino transitable y en el que los discursos públicos nos empujan a concebirnos como islas fragmentadas por colores partidistas y confrontaciones ideológicas, resulta urgente mirar hacia aquellas causas que nos devuelven la humanidad.
Más de 168 mil firmas y el respaldo de 2 mil 400 profesionales de la salud muestran que la muerte digna dejó de ser una causa aislada.
En febrero de este año conversamos con Samara Martínez, activista y promotora de derechos humanos, sobre cómo una enfermedad crónica genera una profunda brecha de desigualdades que afecta no solo la salud, sino también las esferas económicas, laborales y sociales de las personas. Hoy, Samara regresa a este espacio acompañada de Aurélien Guilabert, politólogo, activista y fundador de Espacio Progresista, A. C., para relatar una de las transformaciones ciudadanas más inspiradoras de los últimos tiempos: el salto de la Ley Trasciende, un ejercicio individual, a la consolidación de Muerte Digna ¡Ya!, un movimiento colectivo de alcance nacional. Su testimonio es la prueba de que el dolor compartido y la empatía son capaces de derribar cualquier muro político.
El nacimiento de un reclamo: de la soledad del diagnóstico a la plaza pública
La historia de este movimiento nace de la vulnerabilidad, pero también de una valentía inquebrantable. Samara Martínez relata que Ley Trasciende surgió, en cierta medida, desde la individualidad y “con esta ilusión desde la inocencia” de creer que una sola persona podría cambiar toda una legislatura. En agosto del año pasado, enfrentando un diagnóstico de enfermedad en etapa terminal, Samara decidió tomar las redes sociales y lanzar un mensaje claro: “mi nombre es Samara, tengo una enfermedad en etapa terminal y quiero legalizar la eutanasia en México a través de la Ley Trasciende”.
Ese acto de nombrar el dolor propio y exigir autonomía sobre el propio cuerpo fue el detonante que encendió la mecha. No era la primera vez que se hablaba de eutanasia en México; académicos reconocidos como Arnoldo Kraus pasaron décadas abordando el tema. Sin embargo, como bien señala Aurélien Guilabert, esos intentos estaban atomizados y, sobre todo, carecían de un elemento fundamental: un rostro humano que hablara desde la vivencia directa y no desde lo que él denomina “el privilegio de la salud”.
A la semana de aquel llamado en redes sociales, los caminos de Samara y Aurélien se cruzaron. Guilabert trabajaba en ese momento en Práctica: Laboratorio para la Democracia, intentando impulsar el tema de la muerte digna desde la Ciudad de México. Su objetivo original era replicar el camino trazado por otros movimientos, como el del aborto o los derechos de las diversidades sexuales, buscando que una entidad federativa retara las libertades que el país aún no garantizaba. Habían comenzado a trabajar con la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, pero los tiempos políticos no favorecieron el avance.
Fue entonces cuando la petición de Samara cambió el panorama por completo. “No había habido una articulación; yo sentí un poco, con la primera investigación, que no había un movimiento, que las iniciativas estaban muy atomizadas… y yo creo que la razón es porque Samara no había aparecido”, explica Guilabert. Al darle rostro, legitimidad y una voz sencilla pero inmensamente potente a la causa, Samara logró hablarle no solo a los tomadores de decisiones, sino también a la gente común que se identifica desde su propia experiencia como paciente o como familiar de alguien que ha sufrido. En menos de 24 horas, ambos estaban conectados en una videollamada, trazando el rumbo de lo que hoy es una coalición nacional.
La arquitectura de la unidad ciudadana
Dar el salto de ser paciente a convertirse en activista de tiempo completo requiere un nivel de sacrificio que pocas veces se dimensiona. En enero de este año, Samara tomó una decisión radical: dejó su trabajo estable, su casa y a su familia para dedicarse de lleno a esta causa. Este nivel de entrega es lo que, según sus propias palabras, ha impulsado a tantas personas a sumarse de manera voluntaria.
Sin embargo, las buenas intenciones requieren estructura, y ahí es donde la experiencia de organizaciones como Práctica: Laboratorio para la Democracia resultó vital. La coalición adaptó metodologías previas diseñadas para construir consensos, y sentó en una misma mesa a las personas que toman las decisiones y a quienes históricamente habían sido excluidas de ellas. El primer paso fue escuchar, documentar y trazar una estrategia legislativa sólida. Esto atrajo a aliados inesperados, como la organización México Igualitario, pionera en la lucha por el aborto, que sumó sus esfuerzos e incluso integró a otra paciente, Silvia García Castañeda, y abrió un capítulo formal sobre la muerte digna.
El éxito de esta convocatoria ciudadana desafía la narrativa de que somos una sociedad apática. Lograr recabar más de 168 000 firmas en la plataforma Change.org para un tema considerado tabú es un triunfo monumental. La clave, coinciden ambos activistas, es que la exigencia no es un capricho, sino una respuesta a un sufrimiento palpable y cotidiano.
La iniciativa reunió a más de 19 promoventes de casi todos los partidos: cuando el sufrimiento entra al Congreso, los colores políticos pierden centralidad.
Vencer la polarización en la arena legislativa
Quizá el logro más sorprendente de Muerte Digna ¡Ya! es haber quebrado la parálisis y la polarización que dominan la política mexicana contemporánea. A lo largo de América Latina observamos el resurgimiento de grupos conservadores y disputas partidistas que dinamitan cualquier intento de consenso. Sin embargo, la estrategia de incidencia legislativa liderada por esta coalición logró lo impensable.
En un lapso de apenas dos meses, a finales de octubre de 2025, el movimiento logró presentar una iniciativa en la Cámara de Diputados respaldada por más de 19 promoventes que representaban a casi todos los partidos políticos, con la única excepción del Partido Acción Nacional (PAN). Samara recuerda vívidamente aquel momento en tribuna, y destaca la reacción de un diputado del partido Movimiento Regeneración Naconal (Morena) que, al bajar, confesó sorprendido que nunca se había subido a presentar una iniciativa junto a compañeros de la oposición. “Es que eso es hacer política”, reflexiona Samara, y recuerda a la clase dirigente que el servicio público no se trata de colores ni de estar peleados, sino de sumar esfuerzos por causas sociales que surgen de reclamos legítimos.
Este fenómeno de unidad se explica porque la realidad de los hospitales rebasa cualquier agenda partidista. Los pabellones de oncología, las clínicas de hemodiálisis y las salas de urgencias están llenos de historias de agonía que exponen la insuficiencia de figuras legales como la voluntad anticipada. Como explica Samara, la voluntad anticipada, que regula la ortotanasia, permite que la enfermedad siga su curso natural, pero inevitablemente conduce al paciente por caminos de sufrimiento. La eutanasia, en cambio, busca respetar la autonomía y la dignidad del individuo para decidir cuándo su cuerpo deja de ser habitable.
Frente a este hecho, los políticos y detractores se quedan sin argumentos. Se ha generado un pronunciamiento histórico en el que más de 2 400 trabajadores del sector salud firmaron a favor de la eutanasia con nombre y apellido. Ellos apoyan la causa porque presencian la clandestinidad todos los días y saben que, aunque el Código Penal tipifica esto como homicidio por piedad, las cárceles mexicanas están vacías de sentencias por este delito. ¿Quién va a denunciar a una persona por ser piadosa con un ser amado que suplica descanso?
El mito del costo electoral y los estigmas religiosos
A medida que nos acercamos a las elecciones intermedias de 2027 surgen las voces que intentan sembrar miedo argumentando un supuesto costo electoral por avanzar en libertades. Este fenómeno, conocido como backlash conservador, sugiere que aprobar leyes progresistas provoca la llegada de la extrema derecha al poder. Aurélien Guilabert desmiente esta premisa categóricamente, y afirma que es totalmente falsa en el contexto mexicano y que su ineficacia está comprobada.
Guilabert pone como ejemplo a la Ciudad de México y otros estados gobernados por Morena en los que se ha despenalizado la interrupción voluntaria del embarazo: lejos de sufrir un castigo en las urnas, los gobiernos han vuelto a ganar con márgenes aún mayores. Legalizar la eutanasia en México no representa un riesgo, sino un bono electoral. Las cifras son contundentes: a nivel nacional, más de siete de cada 10 personas apoyan la muerte digna, y en contextos urbanos como la capital del país la aceptación se dispara hasta un 80 %. A diferencia de otros temas históricos que arrastran divisiones profundas, la muerte digna es un reclamo popular porque, como señalan Samara y Aurélien: “todos, sin importar nuestra afiliación política, hemos acompañado o acompañaremos a un ser querido en el tránsito de la enfermedad”.
Incluso el obstáculo religioso ha demostrado ser más un espejismo institucional que una barrera social infranqueable. México es un país laico, pero también profundamente espiritual. Samara comparte que, a través de encuestas cualitativas, han descubierto que muchas personas católicas apoyan la iniciativa fundamentándose en su propia fe. “Mi religión hoy me enseña el amor al prójimo” es una de las respuestas más comunes. Existen sacerdotes que, aunque obligados al silencio por la jerarquía eclesiástica, reconocen en la intimidad que jamás negarían el acompañamiento espiritual a un feligrés que decida terminar con su sufrimiento. Las incongruencias de las instituciones terminan disolviéndose frente a la empatía.
Cuando una causa entrega sus herramientas legales a la ciudadanía, deja de pertenecer a un liderazgo y se convierte verdaderamente en un movimiento.
El laberinto jurídico y la Suprema Corte de Justicia
El horizonte de la despenalización en México avanza en varios frentes simultáneos. Uno de los más prometedores es el camino judicial. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidió, por primera vez en la historia, atraer el amparo tramitado por Silvia García Castañeda, tanatóloga diagnosticada con cáncer de mama, contra la prohibición de la eutanasia y el suicidio asistido en México.
Aurélien explica que esta vía ha sido clave en países como Colombia y Ecuador, donde las resoluciones de las cortes beneficiaron a toda la sociedad y transformaron el andamiaje normativo nacional. Existe el temor de que, a raíz de las recientes reformas en materia de amparo en México, el beneficio de una sentencia favorable aplique únicamente a la persona promovente, tal y como sucedió en Perú, lo que obligaría a cada paciente a demandar al Estado individualmente.
La descentralización de la lucha ciudadana
Paralelo a la vía judicial, el movimiento Muerte Digna ¡Ya! advierte que es imperativo evitar que siga creciendo un “México de derechos a velocidades distintas”, en el que los habitantes de la capital gozan de libertades que les faltan a los ciudadanos del resto de los estados.
Para ello, la coalición está por lanzar una ambiciosa estrategia legislativa en cascada. Samara presentará iniciativas en el Congreso de la Ciudad de México, pero, en un acto de verdadera apertura democrática, los documentos federales ya están publicados y disponibles en el portal muertedigna.com. El llamado es transparente y directo: cualquier ciudadano u organización en el país puede descargar, copiar, pegar y adaptar estas iniciativas a sus contextos locales.
“Esta iniciativa no es nuestra”, recalca Samara, y evidencia que el éxito de su liderazgo radica en no haber protagonizado el tema para alimentar un interés personal. Al soltar el control del documento legal y entregarlo a la ciudadanía, se genera un profundo sentido de pertenencia. La gente comprende que la verdadera política no se ejerce detrás de un escritorio, sino apropiándose de las herramientas legales para transformar su entorno. Los políticos oportunistas que intentan colgarse la medalla de la eutanasia para ganar simpatía pública son rápidamente desenmascarados por una sociedad que ya no es ingenua y que exige un compromiso real con las clínicas y los pacientes, no solo discursos vacíos para las redes sociales.
Una celebración de la vida y la democracia
El mes de septiembre marca el inicio del periodo de sesiones en el Congreso y trae consigo foros decisivos en la Cámara de Diputados, programados para el día 9. El objetivo de la coalición es mantener una presión incesante hasta diciembre y lograr que el tema salga de las comisiones de salud y pase al Pleno para su votación definitiva.
Pero más allá de los calendarios legislativos, la marcha del 28 de agosto se concibe como una celebración. En un país golpeado por la violencia y el desencanto democrático, a las personas activistas y a la sociedad civil les hace falta celebrar sus triunfos, por más pequeños que parezcan. Y lo que ha logrado Samara Martínez no es menor: en menos de un año ha conseguido que el tema permee los espacios políticos, mediáticos y sociales con una intensidad sin precedentes.
Para los lectores de El Diluvio, el mensaje es un llamado a la acción. Si no pueden asistir a los foros o a las movilizaciones, la invitación es sumarse a la conversación digital, hablarlo en las mesas familiares, interpelar a sus legisladores y buscar abrir capítulos de la coalición en sus propios estados. La fuerza de la opinión pública es el verdadero motor del cambio legislativo.
Como reflexionan nuestros invitados para cerrar este espacio, en la política las derrotas suelen ser huérfanas, pero las victorias tienen muchos padres. Y cuando la eutanasia sea finalmente legal en México, habrá muchos políticos dispuestos a adjudicarse el triunfo. Sin embargo, la historia recordará que la verdadera semilla fue sembrada por una ciudadana que, desde el umbral de su propia fragilidad, decidió luchar para que el futuro de todos esté garantizado por el amor propio y la dignidad. La semilla ciudadana, ese frijolito que se cuidó con tanto esmero, ya germinó. Y hoy es responsabilidad de toda la sociedad asegurarse de que florezca.



























