Año 1, núm. 11, junio de 2026
ISSN 3122-3583
voces
De la penalización a la cultura del odio: por qué las leyes no bastan si el algoritmo y el patriarcado siguen controlando el poder
Entrevista de Sandra Nieves a Luciana Wainer, directora de La Cadera de Eva
El avance de los derechos de las mujeres en América Latina se enfrenta hoy a una paradoja tan urgente como dolorosa: mientras los marcos jurídicos se refinan en el papel, el odio y la exclusión encuentran nuevos canales para reproducirse con total impunidad en la cultura y el entorno digital.
La criminalización del aborto no desaparece cuando cambia la ley: puede sobrevivir en fiscalías, prejuicios médicos y condenas morales.
En entrevista para El Diluvio, Luciana Wainer, directora de La Cadera de Eva y autora del libro Fortuito, desmenuza cómo la persistencia del orden patriarcal y los sesgos tecnológicos neutralizan las victorias legislativas. En un contexto global donde los discursos regresivos ganan terreno, esta conversación es un recordatorio de por qué el feminismo sigue siendo una resistencia vital para salvaguardar la dignidad humana.
La criminalización oculta de la salud: “castigadas por no cumplir el mandato”
La despenalización formal del aborto representa un hito fundamental, pero resulta insuficiente si la cultura mantiene una condena moral activa sobre el cuerpo femenino. En México, la persistencia de marcos punitivos esconde una realidad crítica dentro del sistema penal: las mujeres que enfrentan emergencias obstétricas o partos prematuros no suelen ser juzgadas bajo el tipo penal de aborto, sino procesadas bajo delitos graves como homicidio en razón de parentesco, infanticidio o filicidio, recibiendo penas de hasta 50 años de prisión.
Esta distorsión legal invisibiliza las dimensiones reales del problema y despoja a las víctimas de su condición de vulnerabilidad. Las investigaciones de campo demuestran que un alto porcentaje de estas emergencias obstétricas son provocadas por violencia física extrema: golpizas infligidas por sus parejas o embarazos infantiles y forzados por violaciones donde el Estado no intervino a tiempo para proteger a la víctima.
Wainer asegura que “si la criminalización continúa en la cultura, continúa en la mente de las personas, ocurren casos donde vemos una mujer que tiene un tema de salud, una emergencia obstétrica, incluso en embarazos deseados, soñados, queridos, y que son criminalizadas de todas maneras, y esto manda además un mensaje, una especie de condena ejemplar, que le dice a todas las mujeres lo que ocurre cuando no cumplen con el mandato de la maternidad, tal y como está en la mente de las personas”.
El algoritmo no es neutral: puede amplificar discursos de odio y limitar la circulación de contenidos feministas.
Leyes de papel, realidades de violencia
México posee marcos jurídicos de vanguardia como la Ley Ingrid o la Ley Malena, diseñadas para evitar la revictimización y sancionar agresiones brutales. Sin embargo, la realidad de violencia continúa porque las fiscalías tipifican mal los delitos y la falta de voluntad política frena su aplicación real. Las leyes cambian, pero si la cultura no acompaña la legislación, los cuerpos de las mujeres siguen pagando el precio.
Las opresiones no nos cruzan a todas por igual y el feminismo contemporáneo tiene la obligación ética de reconocerlo. El diseño de políticas públicas y agendas colectivas adolece frecuentemente de un sesgo urbano que ignora los contextos de vulnerabilidad extrema y las realidades de las comunidades indígenas. Intentar implantar soluciones teóricas desde el privilegio del escritorio, sin escuchar las necesidades específicas de los territorios, condena los proyectos al fracaso e, incluso, al peligro.
Un ejemplo crítico radica en las políticas de autonomía económica mal ejecutadas en entornos rurales o comunitarios. Al introducir incentivos financieros sin estudiar la dinámica interna de los hogares ni proveer un esquema de seguridad integral, se genera una desestabilización en las estructuras patriarcales locales que desata reacciones violentas. Datos de intervenciones en campo revelan que este tipo de políticas aisladas han provocado incrementos de hasta el 200 % en los índices de violencia intrafamiliar. La interseccionalidad no es un concepto académico; es la diferencia entre salvar una vida o ponerla en riesgo por no entender el entorno social.
El entorno digital: cámaras de eco y “señores locos”
El espacio digital ha dejado de ser un terreno neutral para convertirse en un campo de batalla asimétrico controlado por intereses corporativos. Una investigación cuantitativa desarrollada por La Cadera de Eva, que analizó 18 000 publicaciones a lo largo de seis meses, demostró que la censura algorítmica opera directamente sobre los contenidos feministas. Mediante el shadow ban, las plataformas restringen de forma sistemática la visibilidad de cierto tipo de mensajes, intensificándose de manera deliberada durante jornadas clave de movilización como el 8M y el 25N.
Mientras las agendas democráticas enfrentan bloqueos técnicos, el algoritmo facilita la viralización de discursos misóginos generados por la machósfera y las corrientes de las trad wives. Estos grupos capitalizan con dolo la incertidumbre económica, la angustia respecto al futuro y la falta de socialización de las y los adolescentes aislados durante la pandemia. Por medio de estadísticas falsas disfrazadas de humor y “chistes”, la machósfera copta a juventudes que buscan pertenecer, canalizando su frustración hacia un resentimiento profundo contra las mujeres y el movimiento feminista. Evidenciar esta censura corporativa en internet es vital: lo que se siembra como odio digital termina estallando como violencia real en las calles.
La interseccionalidad no es una moda académica; puede ser la diferencia entre diseñar una política que protege o una que pone en riesgo.
El péndulo de la ultraderecha y la urgencia de tejer redes
La experiencia contemporánea en América Latina nos recuerda que ninguna conquista social es permanente y que los derechos ganados pueden desaparecer de un plumazo.
Wainer recuerda el caso de Argentina y la Ola Verde y el riesgo que existe en ser la punta de lanza en derechos civiles en la región y aún así ver la llegada de un gobierno absolutamente represivo que cerró ministerios y busca la regresión social.
A esto se suma un hecho que debemos tener presente a nivel global: la sola presencia de mujeres en lugares de toma de decisiones no garantiza políticas feministas si no se altera la balanza real del poder.
En cuanto al avance de movimientos conservadores en la región, Wainer señala que estos no nacen de una esquizofrenia electoral, sino que “hay un camino, hay unas crisis no atendidas, hay una displicencia de la izquierda en muchos lugares de Latinoamérica que terminan con estos péndulos”. Remarca que cuando la izquierda pierde la capacidad de autocrítica y escucha, se abren las grietas que la ultraderecha sabe capitalizar.
Luciana advierte que para blindarnos ante los embates que vienen, la solución prioritaria no llegará desde el gobierno, sino desde abajo: necesitamos construir redes ciudadanas fuertes, comunitarias y organizadas. Paralelamente, la reforma legislativa prioritaria debe ser la despenalización absoluta del aborto en todo el país, eliminándolo por completo del Código Penal para tratarlo exclusivamente como un derecho de salud, rompiendo así el estigma criminal y moral de raíz.
Si el feminismo sigue importando hoy, es porque ante el avance del odio, nuestra única certeza es la resistencia colectiva.






























