Año 1, núm. 9, abril de 2026
ISSN 3122-3583
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De los orígenes de la idea de la sostenibilidad
Octavio Klimek Alcaraz *
Mucho antes de convertirse en consigna global, la sostenibilidad nació como una advertencia sobre los límites de la naturaleza. Su historia —desde comunidades tradicionales hasta la silvicultura europea— revela cómo la humanidad ha intentado aprender a vivir sin agotar el planeta.
Pocos términos han experimentado un desarrollo tan amplio en los últimos años como el de sostenibilidad. Sin embargo, ¿qué es realmente la sostenibilidad y cuáles son sus orígenes?
La sostenibilidad, o desarrollo sostenible, tiene raíces profundas en todas las culturas del mundo y ha sido denominada de múltiples maneras. Las comunidades originarias y campesinas han sido portadoras de una conciencia común de sostenibilidad, basada en un sentido de responsabilidad colectiva y en un conocimiento ancestral de la naturaleza de la que forman parte. Este saber se manifiesta en una comprensión profunda de la biodiversidad, el agua, los suelos y el clima de sus territorios. El desarrollo de estas sociedades se ha sustentado en un uso no destructivo de la naturaleza, a diferencia de las denominadas civilizaciones occidentales, que hoy utilizan el término de forma cotidiana.
Las comunidades originarias practicaban principios de sostenibilidad mucho antes de que el término existiera.
En el mundo occidental, las raíces de la sostenibilidad se remontan a tiempos antiguos. El capitán de minas de Freiberg, Hans Carl von Carlowitz (1645–1714), quien trasladó la idea de sostenibilidad a la silvicultura, es considerado con frecuencia el “padre” de este concepto. Para Carlowitz, la aplicación de medidas sostenibles implicaba talar únicamente aquella superficie forestal que pudiera regenerarse de manera natural en un futuro previsible, garantizando así la preservación a largo plazo de los sistemas naturales (Carlowitz, 1713).
En 1713, Carlowitz introdujo el término “sostenibilidad” (Nachhaltigkeit) en la ciencia forestal alemana para describir la planificación a largo plazo y la precaución integral en el manejo de los bosques. Estas ideas quedaron plasmadas en su obra “Sylvicultura oeconomica”, donde plantea la necesidad de una conservación y cultivo de la madera que permita un uso continuo, estable y sostenible, indispensable para la existencia de la sociedad (Carlowitz, 1713).
Durante los siglos posteriores, a medida que se intensificaron las crisis energéticas y de materias primas, los problemas se sintetizaron en expresiones como “escasez de madera”, “escasez de recursos” o “crisis energética”, mientras que la solución se condensó en el concepto de sostenibilidad. En aquel contexto, los bosques funcionaron como una señal de advertencia frente al uso desmedido de la naturaleza, situación comparable a la actual, aunque hoy a una escala global mucho mayor.
A principios del siglo XIX, la escasez de madera en Europa se resolvió mediante la transición hacia el carbón y, posteriormente, al petróleo y al gas natural, rompiendo la economía circular neutra en CO₂. De manera paradójica, mientras la industria emergente se adentraba en una senda fósil de no sostenibilidad, la industria forestal comenzó a consolidar la gestión sostenible como principio rector.
El concepto moderno surge en 1713, cuando Hans Carl von Carlowitz propone aprovechar los bosques solo al ritmo de su regeneración.
Desde el siglo XIX, la sostenibilidad se convirtió en el concepto rector de las actividades forestales. Su implementación se aseguró mediante planes, fórmulas y mecanismos de control, hasta consolidarse como una práctica habitual. Hoy, la sostenibilidad ha trascendido el ámbito forestal para convertirse en un principio rector de todas las actividades humanas, constituyéndose como una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo.
Si bien el término “sostenibilidad” se consolidó en la silvicultura de habla alemana durante el siglo XVIII, su formulación en otros idiomas ocurrió posteriormente. A principios del siglo XIX, la silvicultura sostenible se convirtió en un ideal central de la silvicultura europea y fue trasladada al francés y al inglés.
En francés, la traducción del concepto proviene de los escritos del silvicultor suizo Karl Albrecht Kasthofer, quien definió el uso sostenible del bosque como aquel en el que no se extrae más madera de la que la naturaleza produce anualmente (Kasthofer, 1818). La traducción introdujo el término “soutenu”, derivado del latín “sustentare”, que aportó un matiz semántico relevante al concepto de sostenibilidad.
De manera similar, el forestal francés Adolphe Parade empleó el término “principe du rendement soutenu” para referirse al rendimiento constante del bosque, entendiendo la sostenibilidad principalmente desde una perspectiva económica y de costo–beneficio (Parade, 1837).
Hoy la sostenibilidad ya no es una idea forestal: es un principio que atraviesa todas las actividades humanas.
En el ámbito anglosajón, el forestal William Philipp Daniel Schlich introdujo el concepto de “sustained yield” en su “Manual of Forestry”, enfatizando el rendimiento permanente como objetivo del manejo forestal (Schlich, 1889). Con el tiempo, el término evolucionó hacia “sustainable yield”, diferenciándose entre “sustained” (permanente) y “sustainable” (compatible con los objetivos del desarrollo sostenible).
En la actualidad, el término “sustainability” se emplea con múltiples interpretaciones. Al respecto, Enrique Leff señala que la ambivalencia del discurso de la sustentabilidad surge de la polisemia del término, al integrar tanto la durabilidad del proceso económico como la internalización de las condiciones ecológicas que lo sustentan (Leff, 2004).
Esta ambivalencia ha propiciado el uso indistinto de los términos “sostenible” y “sustentable”. El Diccionario de la Lengua Española define sostener como “sustentar o mantener firme algo”, mientras que sustentar se refiere a conservar algo en su estado o proveer lo necesario para su subsistencia (Real Academia Española, 2014).
En conclusión, es fundamental ser cuidadosos en el uso del término “sostenibilidad”, ya que este solo puede aplicarse de manera estricta al aprovechamiento de recursos naturales renovables, como los bosques o las pesquerías. En el caso de los recursos no renovables, como los minerales y los hidrocarburos, que se explotan hasta su agotamiento, la sostenibilidad no es posible; a lo sumo, pueden ser utilizados de manera racional.
* Coordinador del Instituto de Investigación Científica, Área Ciencias Naturales, UAGro.
Referencias
- Carlowitz, H. C. von. (1713). Sylvicultura oeconomica oder haußwirtschaftliche Nachricht und naturmäßige Anweisung zur wilden Baum-Zucht. Leipzig, Alemania.
- Kasthofer, K. A. (1818). Bemerkungen über die Forsten des bernischen Hochgebürgs. Berna, Suiza.
- Leff, E. (2004). Racionalidad ambiental: La reapropiación social de la naturaleza. Siglo XXI Editores.
- Parade, A. (1837). Cours élémentaire de culture des bois. Nancy, Francia.
- Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23.ª ed.). https://www.rae.es
- Schlich, W. P. D. (1889). Manual of forestry (Vol. 1). Bradbury, Agnew & Co.






























