Año 2, núm. 13, agosto de 2026
ISSN 3122-3583
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Lenguas indígenas y migración: hacia una nueva geografía de la diversidad lingüística de México
Regina Martínez Casas *
Las lenguas originarias ya no habitan únicamente sus territorios históricos. La violencia, el trabajo y el desplazamiento están trazando otro mapa de México, donde migrar también significa luchar para que una lengua sobreviva lejos de casa.
Desde la década de 1970 se empezaron a documentar comunidades hablantes de lenguas indígenas migrando a las zonas urbanas de México, en particular a la capital del país.(1) En mi trabajo de campo realizado a partir de mediados de la década de 1990 encontré reportes de movilidad de personas en solitario y de grupos familiares desde mediados del siglo XX.(2) Sin embargo, muchos de los estudios de caso realizados en aquellos años muestran patrones de migración de tipo circular o pendular, a los que Lourdes Arizpe denomina también “migración por relevos”. En esta categoría se ubican las personas trabajadoras del hogar, personas empleadas de la construcción y personas jornaleras agrícolas.
En estos casos, la socialización y transmisión intergeneracional de la lengua indígena pareciera estar más bien asociada a decisiones individuales, producto de experiencias de discriminación, o a la posibilidad de pertenecer a redes densas de convivencia comunal, familiar y laboral en las localidades receptoras y de contacto frecuente con las comunidades históricas.
La diversidad lingüística mexicana se desplaza hacia fronteras, corredores agroindustriales, ciudades y destinos turísticos.
La exclusión por condición lingüística está ampliamente documentada en la literatura sociolingüística(3) y ha generado investigaciones de corte etnográfico y cuantitativo para tratar de explicar el peso de la discriminación en la vitalidad de las lenguas minorizadas.(4) Uno de los objetivos de este tipo de estudios es determinar los ámbitos de uso (o dominios de interacción) en los cuales las personas pueden utilizar la lengua indígena y es muy claro que esto sucede en colectivos que han logrado replicar parte de su vida comunitaria en sus nuevos espacios de residencia.(5)
También existen investigaciones sobre la migración individual motivada por procesos de escolarización y su impacto en la posibilidad de usar la lengua materna en los espacios académicos, cuando se trata de una lengua minorizada.(6) En la mayoría de los casos documentados en este tipo de investigaciones, las lenguas indígenas se usan solo en eventos conmemorativos o con fines de análisis y no se generan espacios para su uso en la comunicación cotidiana.(7)
En este texto me quiero referir a un tipo particular de migración que mueve a familias y comunidades enteras en condiciones de gran vulnerabilidad. El desplazamiento forzado afecta hoy más que nunca a regiones indígenas en nuestro país. Registros recientes del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) muestran que durante los últimos años en México se incrementó en 123 % el número de personas desplazadas por violencia, al pasar de un poco más de 11 000 en 2023 a más de 24 500 en 2024.(8) El seguimiento que han dado ambas instituciones al tema muestra que un alto porcentaje de estas personas desplazadas por violencia pertenecen a pueblos indígenas.(9)
Sin embargo, desde que se publicaron los resultados del Censo de Población y Vivienda de 2020 se observó un nuevo patrón de concentración de las personas hablantes de alguna lengua originaria. Como se aprecia en el mapa 1 (abajo), los municipios con una mayor diversidad lingüística del país ya no se ubican en las regiones históricamente identificadas como indígenas. Propongo que estamos frente a un cambio histórico: ahora vemos que municipios fronterizos tanto al norte como al sur del país y regiones de vocación turística concentran a la mayoría de quienes hablan una lengua originaria.
Mapa 1. Distribución de la población indígena por municipios 2020 (números absolutos)
Fuente: Cepal, con base en microdatos censales (elaboración propia).
Una lengua puede viajar con las personas, pero solo sobrevive si encuentra comunidad, uso cotidiano y reconocimiento.
En el año 2023, el municipio de Ensenada, Baja California —que en el mapa aparece como uno de los que concentran una mayor cantidad de personas indígenas del país—, se dividió en tres dejando dos municipios con alta presencia de actividad agroindustrial (especialmente el municipio de San Quintín). No obstante, todavía no se cuenta con los datos desagregados del conteo realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 2025, que ya consideró dicha subdivisión municipal.
Por otro lado, lo notable de la información sintetizada en el mapa 1 muestra que la migración jornalera ya no es un fenómeno pendular, sino que ahora representa una nueva geografía de la diversidad lingüística mexicana. También es de destacar la concentración de este perfil de personas en Ciudad Juárez, en Chihuahua, Acapulco en Guerrero y los municipios que corresponden a la Riviera Maya en Quintana Roo.
Lo anterior permite presuponer que los sectores de la construcción y los servicios ahora generan espacios laborales permanentes para las personas indígenas en diferentes regiones del país, lo que representaría un fuerte cambio frente a lo que se había descrito hasta la primera década del siglo XXI.
Inevitablemente surge la pregunta sobre los cambios en los patrones de movilidad de las personas hablantes de lenguas originarias en México: ¿son previos a la escalada de violencia contra sus regiones u obedecen a otros factores de tipo centrífugo como los socioeconómicos? Los datos duros censales no permiten responder esa pregunta, pero los estudios de corte cualitativo sí dan cuenta de una creciente necesidad de relocalización de familias y comunidades hablantes de lenguas originarias.(10)
El desplazamiento forzado no solo arranca a las familias del territorio: también amenaza la continuidad cultural de pueblos enteros.
También es importante destacar que mucha de la numeralia que está disponible no hace la diferencia entre personas indígenas por autoadscripción y hablantes de lenguas indígenas; sin embargo, para efectos de esta reflexión se está haciendo énfasis especial en las comunidades lingüísticas que buscan hacer su vida fuera de las regiones donde históricamente se han ubicado.
El desafío para la reproducción de sus respectivos modelos culturales no es menor. Quienes trabajamos con colectivos organizados de personas indígenas en contextos de movilidad hace un par de décadas, ya documentábamos la importancia de los vínculos con las comunidades históricas para la reproducción de la lengua y de otros emblemas culturales como la ritualidad y la gastronomía. La lengua es uno de los pocos elementos identitarios que se mueve junto con las personas, pero requiere de una comunidad de práctica para su uso efectivo y eficiente. Los modelos que existen para explicar los factores de presión para el desplazamiento lingüístico todavía no incluyen la migración involuntaria (11).
El desplazamiento forzado es una dolorosa y creciente realidad en el México contemporáneo y necesitamos entender no solo las causas, sino las consecuencias que tiene para las personas que lo sufren y también para sus lenguas y culturas. La violación a los derechos individuales y colectivos resulta evidente, pero se requiere de una mejor documentación sobre la manera en que cada grupo familiar y comunitario desplazado experimenta este conjunto de violencias para poder generar propuestas que mitiguen el drama de la pérdida de su territorio y su modo de vida, recuperen la posibilidad de migrar de manera voluntaria y para ayudar a la preservación de la riqueza lingüística de nuestro país.
* Profesora-investigadora de CIESAS.
Referencias
(1) Arizpe, Lourdes. (1975). Indígenas en la Ciudad de México, el caso de las Marías. Secretaría de Educación Pública (Col. SEP Setentas). México.
(2) Martínez Casas, Regina. (2007). Vivir invisibles. La resignificación cultural de los otomíes urbanos en Guadalajara. CIESAS. México.
(3) Labov, William. (1973). Sociolinguistic Patterns. University of Pennsylvania Press, Estados Unidos.
(4) Nota aclaratoria: se refiere a lenguas minorizadas cuando se trata de idiomas o variedades lingüísticas que se encuentran estigmatizadas, lo que dificulta que se utilicen en ámbitos de la vida pública de las personas.
(5) Martínez Casas, Regina. (2014). “De la resistencia al desplazamiento de las lenguas indígenas en situaciones de migración”. En: Barriga y Martín Butragueño (directores), Historia sociolingüística de México, vol. 3. El Colegio de México, pp. 1409-1455.
(6) Czarny, Gabriela. (2008). Pasar por la escuela. Indígenas y procesos de escolarización en México. Universidad Pedagógica Nacional. México.
(7) Martínez Casas, Regina y Bermeo, Diana. (2023). “Cuando la discriminación se disfraza de interculturalidad en instituciones de educación superior en México”. En: Czarny, Navia, Velasco y Salinas (coords.). Racismos y educación superior en Indo-Afro-Latinoamérica. Universidad Pedagógica Nacional. México, pp. 207-240.
(8) Nota aclaratoria: por la extrema complejidad del fenómeno, la cifra puede estar subrepresentada.
(9) García Beltrán, Yolanda. (2025). “Desplazamiento Forzado Interno en México”. Revista Andamios, vol. 22.
(10) Paris Pombo, María Dolores (coord.). (2012). Diáspora triqui. Violencia política, desplazamiento forzado y migración. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. México.
(11) Guerrero Galván, A. y Torres Sánchez, N. (2021). “El habitus lingüístico de tres redes indígenas: Otomí, chichimeca y tepehuano del sureste”. En: S. Sánchez Moreano y É. Blestel (eds.). Prácticas lingüísticas heterogéneas: nuevas perspectivas para el estudio del español en contacto con lenguas amerindias (Contact and Multilingualism 4, pp. 87-114). Language Science Press.




























