Año 2, núm. 16, noviembre de 2026
ISSN 3122-3583
a fondo
Los frenos al desarrollo de la investigación experimental
José Franco,* Lorenza González Mariscal** y Marcia Hiriart***
Equipos obsoletos, insumos difíciles de importar y pocas plazas limitan el trabajo de quienes hacen ciencia experimental en México. La colaboración explica cómo la inversión insuficiente y la falta de planeación convierten cada experimento en una carrera contra los recursos disponibles.
La comunidad científica mexicana cuenta con investigadores maduros en todas las áreas del conocimiento. También se cuenta con buenos programas de formación de nuevos cuadros en la mayoría de las universidades y centros de investigación en los que, al igual que en otros países, se trabaja con rigor y creatividad. De hecho, nos da mucho orgullo decirlo: el desempeño de los jóvenes formados en México que salen a laborar al extranjero suele ser sobresaliente y obtienen puestos de primer nivel. Desafortunadamente, la situación tiende a revertirse para quienes se quedan, ya que muy difícilmente logran posicionarse en nuestro país debido a la escasa disponibilidad de instrumentos e insumos para la investigación y a la carencia de puestos de trabajo, que además ofrecen salarios muy bajos.
La ciencia experimental depende de laboratorios que puedan funcionar, actualizarse y abastecerse
Esta diferencia se agrava en las áreas experimentales debido a una serie de factores estructurales que enfrentamos desde hace décadas. Estos van desde una muy baja inversión en educación superior y en desarrollo científico, lo que se traduce en una modesta infraestructura física y humana para la investigación, hasta la ausencia de una política de planeación a largo plazo y de vínculos con los sectores productivos, industriales y gubernamentales. La problemática es multifactorial y el resultado es poco halagador para el futuro del país, ya que se está perdiendo el potencial del conocimiento en el desarrollo socioeconómico y en la atención a los problemas nacionales urgentes.
Dicha problemática debe enfrentarse de raíz y desde varios ámbitos, como muestran los artículos de este número. En particular, uno de los problemas críticos en las áreas experimentales es la falta de apoyo para la renovación de los equipos obsoletos. Hay pocos apoyos gubernamentales y casi no existen apoyos privados, por lo que resulta muy difícil modernizar el poco equipo que se tiene e incluso realizar su mantenimiento. Como es fácil de imaginar, esto genera rezagos en todas las áreas que requieren infraestructura experimental, que van desde la astrofísica y la antropología, pasando por las ciencias químico-biológicas y de la salud, hasta las ingenierías y el cómputo. De hecho, instituciones como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) llevan más de una década sin una partida destinada a la compra de equipo, lo que se ha agravado desde la desaparición de las convocatorias para el reequipamiento de laboratorios del antiguo Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Además, ahora las convocatorias de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) son por montos muy pequeños y, de estos, solo un porcentaje bajo puede destinarse a la compra de equipo.
Hacer ciencia de frontera en áreas experimentales requiere el uso de tecnologías de vanguardia. Cuando los laboratorios universitarios y los centros públicos de investigación operan con instrumentos viejos, al borde de la inutilidad, el desarrollo científico se entorpece, al igual que su posible vinculación con los sectores productivos; y resulta imposible realizar los experimentos necesarios para avanzar en proyectos nacionales y colaborar en condiciones de igualdad con la comunidad internacional.
Las anécdotas abundan y son muy ilustrativas. Por ejemplo, es fácil pensar que las centrífugas o los microscopios de uso diario no envejecen tan rápidamente como otros equipos; sin embargo, su uso continuo hace que requieran mantenimiento y a medida que disminuye la disponibilidad de refacciones por tratarse de equipos viejos, se vuelven inútiles. Ni qué decir de aparatos para realizar determinaciones nanométricas o para cómputo de alto rendimiento, que mejoran en escalas de tiempo cortas. La gravedad del problema también se manifiesta en las dificultades para publicar trabajos, en los que los revisores exigen experimentos adicionales que solo pueden realizarse con equipo de frontera y no con el disponible. Esta situación, por tanto, ha deteriorado nuestra capacidad para dar a conocer las investigaciones en revistas de primer nivel e inhibe la posible vinculación con los sectores productivos y la atención a la problemática nacional.
En los laboratorios hay equipos relativamente pequeños de uso cotidiano que se han vuelto obsoletos o han superado su vida útil y deben remplazarse. Para esto, quienes trabajamos en instituciones del gobierno federal debemos solicitarlos y justificarlos con un año de antelación en una cartera de inversión que evalúa la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Si todo sale bien y la SHCP autoriza su compra, debemos buscar los fondos para realizarla. Para ello, recurrimos a las convocatorias de la SECIHTI, pero nos enfrentamos a que se autorizan montos muy pequeños para la compra de equipo y, a diferencia de años anteriores, ahora la compra de equipo se realiza de manera escalonada, es decir, solo un equipo por año. El proceso es tan complejo que requiere de tres a cuatro años de planeación y trámites, y todo para comprar un equipo tan sencillo como un agitador. En el caso de estos equipos pequeños, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por ejemplo, desde hace tiempo se opera mediante Unidades de Servicio que apoyan a los laboratorios con menor presupuesto para equipamiento. Sería deseable reproducir este esquema en otros centros de investigación y que dichas unidades de apoyo contaran con equipos más avanzados para que las investigaciones realmente progresen.
Un gasto de apenas 0.25 % del PIB en investigación y desarrollo deja a México lejos del promedio de la OCDE
También es importante considerar que, hoy en día, muchos equipos de laboratorio requieren una computadora capaz de analizar y procesar las imágenes o los datos obtenidos. En las instituciones del gobierno federal, como el Cinvestav, esto constituye otro terrible cuello de botella, pues para adquirir cualquier equipo de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se requiere, primero, solicitar permiso a la SHCP con un año de anticipación para comprar el equipo requerido; y después, realizar la compra consolidada de todas las TIC de la institución. Este procedimiento tan rebuscado hace que, en ocasiones, la autorización de la SHCP para dicha compra se emita después de la fecha de cierre del presupuesto de la institución o del donativo de la SECIHTI.
Por otro lado, están los equipos grandes para múltiples usuarios. Con esto nos referimos, por ejemplo, a un microscopio confocal o un citómetro de flujo. Para la compra de estos equipos no hay convocatorias de la SECIHTI y solo las instituciones con fondos propios pueden adquirirlos. Su uso es intenso y solo alcanza para atender a estudiantes e investigadores de un par de departamentos de una institución. Dichos equipos son indispensables para hacer ciencia de frontera y las instituciones del país deben renovarlos, ya que envejecen y sus refacciones y servicios de mantenimiento dejan de estar disponibles.
En un nivel superior están los equipos mayores para usuarios tanto nacionales como extranjeros, como el telescopio óptico-infrarrojo de la UNAM, el radiotelescopio del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y el observatorio de rayos gamma de un consorcio de universidades nacionales, con costos de muchos millones de dólares y plazos de construcción de décadas. Para tales equipos no existen convocatorias y se requieren consorcios internacionales para su construcción y mantenimiento. Estos equipos, junto con los laboratorios nacionales, cuya creación fue promovida hace algunos sexenios, también prestan servicio a la comunidad nacional. Se ha propuesto que estos lleguen a ser autofinanciables, pero este esquema es muy difícil de implementar en muchos de ellos. Por ejemplo, en el caso de los observatorios astronómicos, se debe operar bajo un régimen de apoyo multinacional, para lo cual se requieren garantías para la inversión extranjera y que México cumpla con los compromisos adquiridos. Por otro lado, una buena noticia es que recientemente la SECIHTI ha planteado una iniciativa para conectar en redes a varios laboratorios nacionales de distintas regiones del país. Esperamos que esto vaya acompañado de una estructura interna adecuada y de un incentivo económico que los ayude a funcionar correctamente.
Desinterés, incomprensión e incapacidad económica para planificar el cambio tecnológico
Hay varias problemáticas adicionales. Una de ellas es que los tomadores de decisiones federales y estatales, quienes deciden qué se debe financiar, parecen pensar que los lugares donde se realiza la investigación científica ya cuentan con suficiente equipo o, peor aún, que su labor no es importante. Esto es una muestra de la falta de vinculación entre el gobierno y la academia, pues no conocen qué se tiene, las condiciones en que se encuentra ni la importancia que podría tener para el desarrollo del país. Es necesario, por lo tanto, construir esta vinculación entre las autoridades federales y estatales y la comunidad científica, para poner sobre la mesa la relevancia del equipamiento de los laboratorios para el desarrollo científico y socioeconómico de las instituciones y del país.
La falta de actualización de nuestra infraestructura científica es consecuencia de una inversión insuficiente y discontinua durante varias décadas. Pero debe subrayarse que empeoró en los últimos años, con recortes a los programas en todas las áreas, la desaparición de fideicomisos estratégicos y un manejo discrecional de los pocos recursos destinados al sector. Es bien sabido que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destinan, en promedio, un 2.7 % de su producto interno bruto (PIB) a investigación y desarrollo, pero México ha mantenido un gasto inferior al 0.5 % del PIB, que en la actualidad es de solo el 0.25 %. Esta estrechez en las políticas científicas y financieras ha golpeado con severidad los rubros destinados al desarrollo y al equipamiento.
Agilizar importaciones y financiar infraestructura son decisiones de política científica, no detalles administrativos
Otra problemática se relaciona con la importación de equipos e insumos. Hubo una época en la que el financiamiento de la ciencia era mayor y no estaba sujeto a impuestos. Ahora se destina poco dinero a la investigación científica, pagamos altos impuestos por la compra de equipos y reactivos, y enfrentamos trámites complejos y tardados para su importación. Es pertinente aclarar que casi ningún equipo ni insumo de laboratorio se fabrica en México, por lo que los grupos experimentales debemos realizar un sinnúmero de trámites para conseguirlos. Esto aumenta los costos y alarga los plazos de los proyectos. Recientemente, la SECIHTI ha tratado con Aduanas el tema de las importaciones, pero el avance es muy lento y, por lo pronto, ya ha pasado un año con serios problemas para importar reactivos. Lo anterior es grave para el desarrollo de los proyectos, porque al final serán evaluados según los objetivos iniciales planteados y no contarán con las condiciones óptimas para cumplirlos.
También es importante destacar que el gobierno federal ha impuesto ventanas de tiempo muy estrechas en las que se puede ejercer el presupuesto asignado, hasta el extremo de otorgar solo tres meses al año como único periodo para la compra de reactivos. Esto atenta contra la forma en que se genera el conocimiento experimental en las áreas químico-biológicas y de la salud, pues los reactivos deben poder adquirirse durante todo el año, conforme van saliendo los resultados de los experimentos, y estos no pueden preverse.
Es indispensable una política de Estado en infraestructura
En resumen, con excepción de la instrumentación en física y astronomía construida por las instituciones que la mantienen, hay poco o casi ningún equipo hecho en México, y tampoco hay una política de desarrollo tecnológico que permita elaborar insumos de alta calidad hechos en México para los laboratorios. Desafortunadamente, todo debe importarse del extranjero, con los sobrecostos y las demoras que, dicho sea de paso, también sufren varios sectores de la industria nacional.
Para revertir esta problemática, es indispensable restablecer mecanismos de financiamiento dedicados exclusivamente a la infraestructura, agilizar de verdad los trámites de importación de insumos de laboratorio y garantizar que se retome una política científica nacional que permita que la ciencia experimental avance.
Sin laboratorios modernos, no hay futuro para la ciencia ni será posible aplicar el conocimiento a la solución de los problemas nacionales.
* Investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM.
** Investigadora del Departamento de Fisiología, Biofísica y Neurociencias del Cinvestav.
*** Investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.
























