Año 1, núm. 5, diciembre de 2025
ISSN 3122-3583
voces
Resistir desde los márgenes:
conversación con el doctor Eduardo Núñez sobre democracia, malestar y redes ciudadanas
Redacción El Diluvio
En medio del reflujo democrático que atraviesa América Latina, Eduardo Núñez plantea una tesis contundente: la defensa de la democracia no ocurre en el centro del poder, sino en los márgenes donde se tejen redes ciudadanas capaces de contener retrocesos y disputar los relatos que moldean la opinión pública.
En medio de una región sacudida por retrocesos democráticos, polarización y tensiones institucionales, el politólogo Eduardo Núñez, especialista en educación y desarrollo y con amplia experiencia en programas de seguridad pública y participación ciudadana en Guatemala, aborda un tema crucial: cómo resistir desde los márgenes cuando las democracias parecen no estar produciendo los resultados que prometieron.
La región vive un ciclo de regresión democrática alimentado por el desencanto social y la brecha entre derechos y capacidades estatales.
A partir de una conversación compleja, El Diluvio retoma las ideas centrales del doctor Núñez sobre el momento político latinoamericano, las formas de malestar social, la persistencia de la corrupción, la importancia de la prensa independiente y el desafío mayor: transformar expresiones dispersas de ciudadanía en auténticos movimientos democráticos.
Un continente en “reflujo democrático”
Para Núñez, la región atraviesa un ciclo que él define como de reflujo o regresión democrática. No se trata solo de un declive electoral o institucional, sino de un fenómeno múltiple que nace de tensiones acumuladas entre expansión de derechos y debilidad del Estado.
“La ampliación de derechos no ha venido acompañada de capacidades institucionales suficientes”, explica. Esa brecha —entre promesa y desempeño— ha alimentado la percepción de que la democracia no da resultados, lo que a su vez provoca que sectores crecientes de la población estén dispuestos a sacrificar principios democráticos a cambio de eficacia inmediata.
Según Núñez, este clima es la base de un fenómeno más profundo: la sensación extendida de que la democracia “no sirve” o “no funciona”, una percepción que —insiste— tiene fundamento tanto emocional como material.
Contener el deterioro y tejer nuevas redes democráticas
Ante esta regresión, ¿qué significa resistir desde los márgenes? Para Núñez, resistir significa dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, contener el deterioro —normativo, institucional y cultural— que afecta a buena parte de los países latinoamericanos. Por otro, construir un tejido político-social que permita impulsar a una nueva generación de reformas democráticas profundas.
Ese deterioro tiene “rostro normativo”, en forma de agendas regresivas; “rostro institucional”, en reformas en contravía o contrarreformas, y “rostro cultural”, en el bajo desarrollo de prácticas democráticas que atraviesa incluso a las democracias “más maduras” de la región.
Resistir implica contener el deterioro institucional y articular nuevas redes cívicas que actúen con estrategia y evidencia.
Para el especialista, la democracia no se sostiene sola. Requiere redes, actores y espacios que hoy están dispersos.
Sociedad civil especializada y movimientos sociales: una alianza necesaria
Núñez subraya el papel central de las organizaciones especializadas de la sociedad civil. Ellas producen conocimiento, datos, evidencia y agendas. Su aporte no es solo político, sino también epistémico. Representan causas, valores y temas —más que segmentos demográficos— y permiten nutrir discusiones públicas con información confiable.
Pero advierte que ese aporte es insuficiente si no se articula con la energía expansiva de los movimientos sociales, capaces de movilizar a grandes sectores, presionar políticamente y crear puntos de inflexión en las agendas de gobierno. Solo cuando experiencia técnica y energía colectiva se encuentran, dice, puede gestarse la “contención” del deterioro democrático y, eventualmente, la expansión.
El malestar global: entre la apatía y el punto de quiebre
En la conversación surge una idea que atraviesa varios países: vivimos en lo que algunos llaman “la era del malestar”. Ese malestar —advierte Núñez— puede tener rostros opuestos. Por un lado, puede producir desmovilización, retirada de la política, cinismo o desconexión. Por otro, puede convertirse en movilización, protesta y presión social capaz de frenar retrocesos.
Para explicar este doble filo, recurre a ejemplos concretos, como la Marcha de las Antorchas en Guatemala; la Marcha Verde en República Dominicana; las protestas relevantes en México y Chile, y las movilizaciones reprimidas brutalmente en Nicaragua.
Todas estas expresiones, dice, forman un menú de posibilidades: desde la resistencia espontánea hasta la construcción de movimientos con proyecto político de futuro.
El malestar social puede desmovilizar o detonar movimientos capaces de frenar retrocesos.
La batalla por el relato: medios, algoritmos y dispersión social
Una parte importante de la entrevista aborda un fenómeno contemporáneo decisivo: la lucha por el control del relato político. La digitalización —señala— multiplicó las voces y redujo la capacidad estatal de controlar la narrativa, pero también abrió la puerta a cajas de resonancia, desinformación y burbujas ideológicas. El algoritmo —advierte— puede terminar aislando a ciudadanas y ciudadanos que solo dialogan con quienes piensan igual.
En ese contexto, Núñez insiste en el rol crucial de la prensa independiente, los medios digitales con rigor, y la alfabetización informativa. Para él, los medios pueden y deben convertirse en espacios de deliberación democrática que permitan frenar tendencias autocráticas, siempre y cuando logren sortear presiones políticas, económicas y editoriales.
Fragmentación de movimientos sociales y la urgencia de recomponer el tejido cívico
Otro de los puntos centrales de Núñez es el problema de la fragmentación social. Incluso movimientos vigorosos —como los feministas— enfrentan tensiones internas, dispersión de agendas y dificultades para sostener articulaciones amplias.
La sociedad civil organizada, aunque valiosa, también tiende a dispersarse en nichos técnicos o temáticos. Ese fenómeno, advierte, debilita la capacidad para enfrentar modelos políticos autocráticos y estructuras de poder concentrado.
Aquí Núñez ofrece una imagen poderosa: la de un tejido social, una red donde cada nodo es distinto, pero lo suficientemente denso para sostener una estructura común. No se trata de que todos estén de acuerdo en todo —eso sería antidemocrático—, sino de tejer puntos de coincidencia mínima que permitan civilizar la contienda política.
El territorio ya no basta: la política migró al espacio de los relatos
Uno de los argumentos más innovadores del doctor Núñez es que la contienda política ya no se juega exclusivamente en el territorio tradicional —municipios, estados, provincias—, sino también en un espacio comunicacional, donde lo que importa es la disputa por el relato.
Las instituciones de representación, diseñadas para la competencia territorial, están perdiendo eficacia frente a esta migración hacia la opinión pública, moldeada hoy por dinámicas digitales, emocionales y de hiperaceleración comunicativa. De ahí la urgencia de repensar la democracia desde la comunicación, desde los tiempos, lenguajes y formatos que hoy moldean la esfera pública.
La disputa política migró del territorio a los relatos digitales: ahí se juega hoy la democracia.
Núñez relata un caso muy ilustrativo: la crisis poselectoral en Guatemala en 2023. Según explica, diversos actores antidemocráticos intentaron desconocer los resultados y frenar la transición, pero una convergencia inesperada entre élites tradicionales, organizaciones de sociedad civil, pueblos indígenas movilizados, observadores y defensores de derechos humanos y respaldo internacional, logró proteger la institucionalidad electoral y garantizar la transición de gobierno.
Para Núñez, este episodio demuestra que la defensa democrática es posible, pero requiere coordinación entre actores plurales, redes cívicas organizadas y acompañamiento internacional sensato.
El cierre de la conversación regresa al problema mediático. Núñez afirma que la prensa es un actor indispensable, pero enfrenta un reto mayor: ¿cómo generar deliberación democrática en formatos donde predominan la imagen, la brevedad, lo visual y lo emocional?
La política —dice— compite hoy con dinámicas de mercado de la atención. Por eso, reinventar formatos y narrativas democráticas se vuelve imprescindible. Más que nostalgia, propone innovación narrativa para recuperar ciudadanía, formar opinión pública informada y romper burbujas de desinformación.
Resistir sin romantizar: contención, reconstrucción y futuro
La conversación con el doctor Núñez deja una visión nítida del desafío democrático. Resistir desde los márgenes es contener el daño, recomponer la dispersión social, articular actores diversos, reconstruir instituciones debilitadas y disputar los relatos que moldean la opinión pública.
En su lectura, la democracia latinoamericana puede rehacerse, pero solo si se entiende que la época actual exige nuevas alianzas, nuevos formatos de comunicación, nuevas formas de organización, y una ética compartida que permita reconstruir legitimidad y eficacia. Ese es el trabajo urgente. Y, desde los márgenes, todavía es posible.


























