Año 1, núm. 2, septiembre de 2025
a fondo
Una representación justa es posible: alternativas al abuso actual en la Cámara de Diputados
Jorge Javier Romero Vadillo
En 2024, la coalición oficialista transformó 54.7% de votos en 72.8% de escaños: la pluralidad quedó borrada.
El sistema electoral mexicano, operado bajo las reglas actuales y aplicado por el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral en los comicios de 2024, ha dejado de cumplir con su propósito fundamental: reflejar con fidelidad la voluntad ciudadana en la integración de la Cámara de Diputados. El diseño vigente no solo permite, sino que promueve, la fabricación de mayorías artificiales mediante arreglos de coalición, trampas legales y fórmulas de asignación que ignoran la proporcionalidad. En lugar de canalizar la pluralidad política, el sistema la aplasta. En lugar de garantizar equilibrio, lo falsea. Y mientras tanto, desde el poder se pretende dar el siguiente paso: eliminar del todo la representación proporcional.
Este ensayo examina los resultados de 2024 a la luz de múltiples simulaciones que permiten visualizar cómo se habría conformado la Cámara de Diputados con distintos métodos de reparto. Se trata de ejercicios aproximados, construidos sobre la base de los datos disponibles, que no tienen el propósito de predecir, sino de ilustrar la magnitud del sesgo y mostrar opciones concretas. Más que proponer una fórmula única, se trata de dejar claro que el sistema actual no es inevitable. Hay alternativas.
Con 54.7 % de votos, la coalición oficialista se quedó con 72.8 % de los escaños en la Cámara de Diputados
I. La desproporción del 2024: anatomía de una sobrerrepresentación
Los resultados oficiales de la elección de 2024 revelan una operación quirúrgica para inflar la mayoría legislativa de la coalición “Sigamos Haciendo Historia”. Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), con el 40.84 % de los votos, obtuvo 257 diputaciones, lo que representa el 51.4 % de la Cámara. De estas, 161 llegaron por la vía de mayoría relativa. El Partido del Trabajo (PT), con apenas 5.47 % de la votación, recibió 47 curules (9.4 %). Las 38 diputaciones que ganó por mayoría fueron, en realidad, victorias con votos para Morena. Aun así, se le sumaron 9 más por representación proporcional. El Partido Verde Ecologista de México (PVEM), con el 8.39 % de los votos, alcanzó 60 escaños (12 %): 57 de mayoría, también gracias al arrastre de Morena, y 20 de representación proporcional.
El efecto combinado fue brutal: la coalición oficialista obtuvo 364 de los 500 escaños disponibles, es decir, el 72.8 % de la Cámara de Diputados, con solo el 54.7 % de los votos. Más de 18 puntos de sobrerrepresentación. No se trata de una desviación menor o de un fenómeno inercial: es un diseño que tuerce deliberadamente la proporcionalidad.
En contraste, la alianza opositora integrada por Partido Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido de la Revolución Democrática (PRD) obtuvo el 30.45 % de los sufragios, pero apenas consiguió 108 diputaciones (21.6 %). El PAN, con 16.89 % de la votación, se quedó con 71 escaños (14.44 %). El PRI, con 11.13 %, se desplomó a 37 curules (7 %). El PRD, que apenas alcanzó 2.43 %, perdió el registro. Movimiento Ciudadano, con un 11 % de los votos, fue el partido más castigado por el sistema: apenas consiguió 27 diputaciones (5.4 %). Solo un diputado independiente logró un escaño.
Los números no mienten. La fórmula aplicada permite, en los hechos, que un bloque con algo más de la mitad de los votos concentre tres cuartas partes de los escaños. Se desvirtúa el principio de representación proporcional, que desde la reforma de 1996 buscó precisamente contener este tipo de abusos.
II. La tentación del retroceso: mayoría relativa sin correctivos
La idea de eliminar la representación proporcional implica regresar a un modelo donde todas y todos los diputados se eligen por mayoría relativa. ¿Qué ocurriría si ese esquema se hubiese aplicado en 2024?
Los resultados son tan claros como alarmantes. La coalición gobernante habría ganado 256 distritos, lo que equivale al 85 % de los escaños. Todo esto con apenas el 54.19 % de la votación. En contraste, la oposición habría obtenido solo 43 distritos (tres del PAN solo, el resto en coalición con PRI y PRD). Movimiento Ciudadano, con su 11 % nacional, habría logrado un solo escaño. La pluralidad política simplemente desaparecería del mapa legislativo.
A nivel territorial, el desbalance sería aún más brutal. En 18 entidades del país no habría ningún diputado o diputada de oposición. Solo en Chihuahua, Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes, Nuevo León, San Luis Potosí, Veracruz, Ciudad de México y Querétaro existiría presencia plural. El resto estaría bajo control absoluto de la coalición ganadora. El Congreso se convertiría en una cámara monocolor. Este escenario ilustra lo que implica avanzar hacia un modelo de mayoría sin contrapesos: institucionalizar el carro completo.
El sistema actual fabrica mayorías artificiales: infló a Morena, PT y PVEM a costa de la pluralidad ciudadana.
III. Diputados de partido: nostalgia sin solución
Uno de los escenarios que han sido insinuados por figuras del oficialismo es el regreso a una figura similar a la de “los diputados de partido”, vigente entre 1964 y 1977. En ese modelo, los partidos que superaban un mínimo de votación nacional (1.5 %) y no ganaban distritos podían recibir hasta 25 escaños, asignados directamente a las y los candidatos más votados de cada fuerza.
Una extrapolación aproximada a partir de los datos de 2024 permitiría simular cómo quedaría la Cámara bajo esa lógica. Si se mantuviera el número de 300 distritos de mayoría y se agregaran hasta 64 escaños de partido —equivalente al 13 % del total— bajo criterios como:
- Exclusión de partidos con menos del 3 %.
- Exclusión de partidos que ganan 40 distritos o más.
- Reparto de escaños de partido a las y los candidatos más votados de cada fuerza no mayoritaria.
La Cámara quedaría integrada de la siguiente manera:
- Morena: 161 (por mayoría)
- PT: 38 (por mayoría)
- PVEM: 57 (por mayoría)
- PAN: 32 + 8 de partido = 40
- PRI: 9 + 25 de partido = 34
- MC: 1 + 32 de partido = 33
- Independiente: 1
- Total: 364 diputaciones.
A simple vista, podría parecer un esquema más equitativo. Morena bajaría de 47 % a 44 %. El Verde y el PT quedarían con porcentajes similares a los actuales. PAN y PRI seguirían subrepresentados. Movimiento Ciudadano saldría ligeramente beneficiado. Pero el desequilibrio estructural se mantiene: la coalición oficialista conservaría el 70 % de la Cámara. La lógica de sobrerrepresentación se institucionaliza, aunque con menos escaños.
Este modelo, además, ignora las reglas modernas de representación proporcional, favorece arreglos clientelares y castiga a las fuerzas emergentes. Revivirlo no solucionaría el problema: lo consolidaría bajo otra fachada.
Eliminar la representación proporcional sería regresar al ‘carro completo’: 85 % de escaños con apenas poco más de la mitad de los votos.
IV. Un modelo mixto 250/250: representación y gobernabilidad no son opuestos
Una de las propuestas más sensatas que busca un equilibrio entre representación y gobernabilidad, es la del Instituto de Estudios para la Transición Democrática. Plantea una Cámara integrada mitad por diputaciones electas por mayoría relativa en distritos uninominales (250) y la otra mitad por listas de representación proporcional (otros 250). Pero el elemento central no está solo en la proporción de escaños, sino en el mecanismo de votación: boletas separadas. Una para votar por la o el diputado del distrito, otra para votar por el partido nacional o regional.
Este pequeño cambio hace una gran diferencia. El sistema actual, al permitir que los votos de una o un candidato se atribuyan a una coalición entera o a un solo partido por convenio, distorsiona el resultado. Con boletas separadas, cada ciudadana y ciudadano expresaría dos preferencias distintas, y ambas contarían por separado. La votación para la lista proporcional ya no dependería del acomodo previo de las alianzas, sino del respaldo directo que cada fuerza recibe.
Simulaciones con los resultados de 2024 indican que este modelo reduciría la sobrerrepresentación. La coalición oficialista perdería la mayoría calificada. El PAN, PRI y Movimiento Ciudadano estarían más cerca de su peso real en votos. Y el Congreso no se convertiría en un órgano de aclamación. La gobernabilidad no desaparecería. Lo que cambiaría sería el costo de obtenerla: ya no bastaría arrasar distritos; habría que convencer al electorado en el voto proporcional.
V. Sistema D’Hondt por estado: proporcionalidad limitada con sesgo persistente
Otra opción es usar el método D’Hondt, como se aplica en España, con cada estado como circunscripción electoral. Este modelo asigna escaños proporcionalmente, pero el tamaño reducido de algunas entidades y el umbral mínimo de entrada (5 %) generan distorsiones relevantes. Aun así, el sistema tiende a premiar a los partidos más votados sin borrar a los demás.
Con base en los resultados de 2024 y un total de 300 escaños distribuidos entre las 32 entidades federativas, el panorama sería el siguiente:
- Morena: 168 escaños (56 %)
- PAN: 50 (10 %)
- PRI: 36 (12 %)
- Movimiento Ciudadano: 26 (8.66 %)
- PVEM: 13 (4.33 %)
- PT: 7 (2.33 %)
Morena quedaría muy sobrerrepresentado. El PAN y el PRI serían castigados por la fragmentación del voto y el diseño estatal. El PVEM y el PT, sin fuerza territorial real, se verían minimizados con este modelo. Movimiento Ciudadano tendría una mayor presencia, aunque todavía por debajo de su casi once por ciento de los votos. El PRD se quedaría igualmente sin representación
Este modelo tiene una ventaja: refleja mejor la distribución por entidad, pero sufre los límites de toda regla proporcional con umbral elevado y reparto por cosientes. La pluralidad se mantiene, pero el sesgo persiste.
VI. Proporcionalidad pura en 500 escaños: la simulación más equilibrada
Un tercer escenario es la asignación total de 500 curules por representación proporcional, a partir del voto nacional. Con un umbral estatal de entrada del 3%, sin mínimo nacional y sin distritos de mayoría, la integración de la Cámara reflejaría mejor el peso electoral de cada fuerza.
El reparto aproximado, según los resultados de 2024, quedaría así:
- Morena: 265 curules (53 %)
- PAN: 84 (16.8 %)
- Movimiento Ciudadano: 48 (9.6 %)
- PRI: 41 (8.2 %)
- PVEM: 38 (7.6 %)
- PT: 24 (4.8 %)
- PRD: 0
Morena mantendría una sobrerrepresentación de casi 13 puntos. El PAN conservaría su peso. El PRI y Movimiento Ciudadano estarían más cerca de su votación real. El PVEM y el PT también quedarían ajustados. El PRD, con menos del umbral requerido, desaparecería.
Este modelo reduce el margen de maniobra para distorsionar la representación. No elimina la posibilidad de mayorías, pero obliga a construirlas desde una base más legítima. Su principal debilidad es política: requiere renunciar a los distritos, lo que lo hace difícil de aprobar.
VII. Cinco circunscripciones de 100 escaños: proporcionalidad con anclaje regional
Una variante más realista sería conservar el principio de listas proporcionales, pero distribuir los 500 escaños en cinco circunscripciones plurinominales de 100 diputaciones cada una. Se utilizaría el método de los mayores restos, con un umbral de entrada del 3 % por circunscripción.
Con base en los datos de 2024, el reparto habría sido:
- Morena: 236 escaños (47.2 %)
- PAN: 85 (17 %)
- Movimiento Ciudadano: 53 (10.6 %)
- PRI: 52 (10.4 %)
- PVEM: 40 (8.0 %)
- PT: 34 (6.8 %)
- PRD: 0
Este modelo produce una representación más fiel al voto, aunque no elimina la sobrerrepresentación de Morena. La pluralidad se respeta y el sistema mantiene una base regional que permite anclar las listas en el territorio. El PRD, al no superar el umbral en ninguna circunscripción, quedaría fuera.
La principal ventaja es su balance: es más proporcional que el modelo actual, menos radical que la lista nacional única, y más representativo que la mayoría relativa pura.
Representación o simulacro
Los resultados de 2024 son un síntoma de un sistema enfermo de diseño. El modelo actual permite que una coalición con poco más de la mitad del voto obtenga casi tres cuartas partes de los escaños. Las reglas de asignación no corrigen el sesgo: lo amplifican. La mayoría relativa, combinada con una representación proporcional manipulada por convenios, produce un Congreso que no representa, sino que ratifica.
Las simulaciones aquí presentadas muestran que hay alternativas. Un sistema mixto con boletas separadas o una representación proporcional en circunscripciones amplias puede devolver equilibrio sin sacrificar gobernabilidad. Ninguna fórmula es perfecta, pero varias son mejores que la actual.
Eliminar la representación proporcional no resolverá nada. Solo consolidará el dominio de una fuerza sobre el Congreso. Volver a las y los diputados de partido tampoco corrige el problema. El único camino democrático es el que reduce la distancia entre votos y escaños. La representación solo tiene sentido si respeta lo que vota la ciudadanía.


























