Año 1, núm. 1, agosto de 2025
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El nuevo rostro del poder: la IA como bandera geopolítica
Jesús Caudillo
La IA es la próxima gran revolución industrial, capaz de redefinir la economía, el empleo y la seguridad nacional. Si América Latina no invierte en educación, datos y talento especializado, la brecha será insalvable.
En julio de 2025, la Casa Blanca publicó el America’s AI Action Plan, un documento que no solo pretende establecer una hoja de ruta tecnológica, sino una declaración explícita de supremacía global. Desde la primera página, Donald J. Trump afirma que Estados Unidos debe alcanzar una “dominación tecnológica incuestionable”. No es solo un plan de innovación, es una estrategia de poder.
La IA como arma y motor económico
El plan se articula en tres pilares: acelerar la innovación, fortalecer la infraestructura y liderar la diplomacia tecnológica. El primer pilar busca eliminar lo que se consideran “regulaciones onerosas”, impulsar el código abierto y garantizar que la inteligencia artificial (IA) respalde los valores estadounidenses, especialmente el de la libertad de expresión.
Esta visión parte de una premisa clara: la IA es la próxima gran revolución industrial, capaz de redefinir la economía, el empleo y la seguridad nacional. Por eso, el plan no escatima en propuestas para capacitar a trabajadoras y trabajadores, modernizar la manufactura y garantizar que las cadenas de suministro —especialmente los chips y semiconductores— permanezcan bajo control estadounidense.
Pero detrás de esta narrativa optimista subyace una lógica de competencia feroz. El texto habla menos de cooperación internacional y más de impedir que otros países —sobre todo China— dominen el terreno. Es una apuesta por la velocidad, incluso si eso significa relajar los frenos éticos.
Infraestructura y control estratégico
El segundo pilar enfatiza la necesidad de construir una infraestructura robusta para la IA: desde centros de datos de alto rendimiento hasta redes de energía seguras. Estados Unidos busca no solo innovar, sino controlar la base material sobre la que se levanta la inteligencia artificial. En tiempos de tensiones comerciales y conflictos tecnológicos, la autonomía en semiconductores y hardware se convierte en una prioridad casi militar.
El plan también subraya la importancia de la ciberseguridad. Una IA poderosa, pero vulnerable a ataques sería un riesgo nacional; sin embargo, el documento no detalla cómo equilibrar la seguridad con la privacidad, una de las críticas recurrentes en los debates sobre el poder tecnológico.
Geopolítica de la inteligencia artificial
El tercer pilar se adentra en el terreno internacional. Estados Unidos se compromete a restringir la exportación de tecnologías críticas, reforzar alianzas con países “amigos” y prevenir el uso de IA con fines maliciosos. La narrativa es clara: liderazgo sin concesiones. Pero esta visión levanta preguntas incómodas: ¿Qué pasa con los países que no forman parte del bloque estadounidense? ¿Se está construyendo un ecosistema global de IA o un nuevo muro tecnológico?
Europa, con su AI Act, apuesta por la regulación y la ética; China, por la expansión masiva y centralizada; América, en cambio, parece decidida a imponer velocidad y poder, incluso a riesgo de ignorar el debate sobre los derechos digitales y la gobernanza global.
¿Innovación sin ética?
El documento menciona valores como la libertad de expresión, pero dedica poco espacio a temas críticos como el sesgo algorítmico, la discriminación automatizada o el impacto social del despliegue masivo de la IA. Al privilegiar el lema de “innovación sin cadenas”, el riesgo es que la tecnología avance sin un marco de responsabilidad claro.
¿Puede una nación liderar la revolución de la IA sin establecer límites éticos? ¿Qué pasa cuando la velocidad se convierte en un fin en sí mismo? El plan no da respuestas convincentes.
Lecciones para América Latina
Para nuestra región, el mensaje es doble. Por un lado, el impulso de la IA abierta y el código libre podría abrir oportunidades para desarrollar soluciones locales. Por otro, la distancia tecnológica y la falta de infraestructura pueden profundizar la dependencia de las plataformas y los estándares impuestos por Estados Unidos.
Si América Latina no invierte en educación, datos y talento especializado, la brecha será insalvable. El plan de Trump no menciona cooperación con el sur global; su mirada está puesta en ganar la carrera, no en compartirla.
Reflexión final: poder o progreso
El America’s AI Action Plan es un texto pragmático, ambicioso y, a la vez, ideológico. Entiende la inteligencia artificial como un activo estratégico para asegurar la hegemonía global de Estados Unidos, pero el verdadero desafío de la IA no es solo técnico o económico, es político y ético.
Si el liderazgo estadounidense se construye solo en torno al control y la velocidad, corremos el riesgo de que la IA sea una herramienta de poder antes que de progreso. La pregunta que queda flotando es: ¿quién definirá las reglas del futuro digital? Porque en la carrera por la IA, el que gana no solo impone la tecnología, sino también los valores que la sostienen.


























