Año 2, núm. 15, octubre de 2026
ISSN 3122-3583
a fondo
Del efecto Trump a la manosfera latina
Saydi Núñez Cetina *
Las plataformas convierten la inseguridad de algunos jóvenes en una promesa de poder masculino y un negocio del resentimiento. Este análisis sigue el tránsito de ciertos discursos políticos confrontativos a la manosfera latinoamericana y explora cómo el antifeminismo limita también a los hombres, mientras alimenta prácticas de exclusión y violencia.
La llegada de Donald Trump al poder en 2017 marcó en la política estadounidense una serie de cambios en el posicionamiento ideológico que alteraron la balanza del poder en diversas regiones. Dichos cambios se fundamentaron en un programa enfocado en el nacionalismo económico y el proteccionismo comercial, así como en una postura rígida sobre la migración y la seguridad fronteriza. Esto llevó a distinguir sus mandatos por un liderazgo altamente personalista, sustentado en un movimiento populista de derecha que prioriza los intereses unilaterales de Estados Unidos frente a los acuerdos multilaterales y globales.(1)
Que todos se rían no vuelve inocente al insulto
Como lo han señalado los especialistas, el giro hacia esa directriz conservadora evidencia un retroceso respecto de los derechos sociales y un freno a las agendas de la diversidad, equidad e inclusión (DEI), ya que el discurso que emerge con Trump y los grupos de ultraderecha en Estados Unidos alega que tales políticas están ideologizadas y son discriminatorias, divisorias e inconstitucionales, con lo cual justifican la reducción del gasto social, eliminan programas dirigidos a grupos vulnerables, prohíben el lenguaje inclusivo y restringen el acceso al aborto, entre otras medidas críticas.(2)
Lo particular del asunto es que esta tendencia permea a América Latina con el ascenso de gobiernos de ultraderecha —alineados a las políticas de Donald Trump—, que no necesariamente están afiliados a los partidos tradicionales y promueven mano dura contra la inseguridad. Sus gobiernos no solo se enfocan en atacar las ideas de la izquierda progresista y cuestionar los avances de los feminismos o la diversidad sexual, sino que también fomentan una visión de la masculinidad con efectos inquietantes para el desarrollo democrático. Pero, ¿qué tipo de discursos han proliferado al amparo de la ultraderecha y qué consecuencias perversas conllevan para la sociedad contemporánea?
Trump y los desafíos de la masculinidad hegemónica
En recientes debates se ha señalado que alrededor de la figura de Trump se promueve un tipo de liderazgo que encarna un modelo de macho alfa basado en la agresividad, el control, el desdén por la vulnerabilidad y un estilo de confrontación directa que conecta con sectores de la población estadounidense, en su mayoría hombres blancos no hispanos, heterosexuales, con educación media, que residen en zonas rurales o suburbanas y que, ideológicamente, se definen como conservadores y defensores del nacionalismo cristiano.(3)
Buena parte de esa base electoral está constituida por trabajadores que consideran que los cambios económicos y la globalización los han rezagado. Advierten una desconfianza hacia las élites tradicionales y los medios de comunicación, valorando el discurso nacionalista y percibiendo al líder republicano como un defensor frente a las recientes transformaciones culturales y sociales. En este sentido, se trata de un tipo de masculinidad caracterizada por el rechazo a la emotividad o sensibilidad, una exhibición de fuerza y poder con una retórica combativa que acude al insulto y al ataque verbal para avasallar a sus opositores; hombres que equiparan el éxito con el predominio económico, el control de recursos y la acumulación de poder sin mediación de las instituciones.
Un aspecto que llama la atención es que el discurso ha conectado también con una masa de jóvenes que sienten en crisis su identidad de género, con una visión antifeminista y un rechazo hacia las políticas de igualdad, a las que perciben como un ataque directo a los privilegios o roles tradicionales del varón. En América Latina, esta visión de la masculinidad que circula en las redes sociodigitales asume que para ser un hombre de verdad se debe ser proveedor, pues “el hombre que no mantiene no vale”; tener autosuficiencia extrema: “los hombres no lloran”; responder con violencia ante la ofensa: “pelear por respeto”; tener la última palabra: controlar a las mujeres y decidir sobre el dinero y la sexualidad; tener muchas parejas; rechazar cualquier rasgo de homosexualidad y ser exitoso y competitivo: “el patrón”. Estas creencias contribuyen a legitimar roles tradicionales de género y desvalorizar simbólicamente a las mujeres; también conllevan resultados negativos en términos de la salud y la violencia interpersonal e intrafamiliar.(4)
La carrilla también reparte lugares: unos ríen, otros cargan el estigma
Un informe de la Organización Panamericana de la Salud de 2019 mostró que las expectativas de los hombres en las Américas para ser proveedores de sus familias, participar en conductas de riesgo, ser sexualmente dominantes y no buscar ayuda para gestionar sus emociones —masculinidad tóxica— contribuyen a tasas más altas de suicidio, homicidio, adicciones y accidentes de tránsito, así como de enfermedades de transmisión sexual.(5) Además del impacto en la salud, este estereotipo de masculinidad hegemónica agudiza las tensiones sociales con consecuencias negativas en las relaciones más igualitarias y libres de violencia. Un estudio realizado por la Fundación Friedrich Ebert en 2024 sobre actitudes antifeministas en cinco países de América Latina reveló que, de los 7 732 informantes, el 30 % de los hombres y las mujeres presentaba niveles elevados de antifeminismo. A la pregunta de si las mujeres usan el feminismo para ganar ventajas de manera injusta sobre los hombres, alrededor del 41 % de las personas de la muestra en El Salvador respondió que sí; en México el 40.9 % afirmó lo mismo; en Argentina el 39 % estuvo de acuerdo, y en Chile el 38.1 % lo confirmó; mientras que en Brasil solo el 29 % de la población encuestada lo aseveró.(6)
Esto sugiere que la tendencia hacia el antifeminismo va en aumento y, en ese caso, complejiza aún más el panorama que vive la región, pues con elevados niveles de desigualdad socioeconómica, pobreza, racismo estructural y homofobia, el modelo planteado por la masculinidad hegemónica es imposible de lograr para la mayoría de los varones. En consecuencia, la frustración se traduce en tensión y violencia, incluso en sus formas más extremas.
Violencias, discriminación y sus intersecciones
En 2023, al menos 4 599 mujeres fueron víctimas de femicidio, feminicidio o muerte violenta por razón de género en 26 países y territorios de la región; en 2025, esta cifra aumentó a 4 855. En su mayoría, las víctimas tenían entre 21 y 30 años de edad y en casi la mitad de los casos registrados el delito fue cometido por la pareja o expareja sentimental de la víctima. La muerte se produjo por arma de fuego, instrumento punzocortante o asfixia por estrangulamiento.(7)
Esta situación se agudiza con la información sobre violencia por prejuicio, crímenes de odio y homofobia que afecta directamente a la comunidad de personas de la diversidad sexual, afectiva y de género. Entre 2023 y 2025, se cometieron 840 homicidios contra la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queer (LGBTIQ+) y solo en 2025 se registraron 248 homicidios en 10 países monitoreados. De los 248 homicidios, el mayor número se concentra en Colombia, 96 víctimas (39 %); le siguen México con 60 víctimas (24 %) y Honduras con 39 (16 %), Guatemala registró 30 víctimas (12 %) y Ecuador documentó 14 (6 %). En menor medida, se identificaron 4 víctimas en Perú (2 %), 2 en Bolivia y República Dominicana, y 1 en El Salvador; Nicaragua no documentó casos. Como dato complementario, el 44 % de los homicidios se cometió con arma de fuego y el grupo de edad más afectado fue el de 31 a 35 años.(8)
Si bien no se establece una proporción directa entre el aumento de la violencia de género, la discriminación y los discursos de ultraderecha neomachista, consideramos que estos últimos contribuyen a exacerbar las problemáticas en tanto que son estrategias del aparato ideológico que se reconfiguran bajo la lógica del neoliberalismo.(9) Esto se constata en los algoritmos y el aumento de las narrativas sobre hipermasculinidad en las redes sociodigitales que crean espacios virtuales nocivos, la manosfera o machosfera, en muchos casos usando a Trump como paradigma y donde se hace activismo contra el feminismo (Activistas por los Derechos de los Hombres), se denuncia discriminación ante las leyes de género (Red Pill o Incels) y se construyen representaciones sobre el macho alfa (Artistas de la Seducción); o bien sitios en los que se legitima el sexismo ad nauseam (4chan) y donde, bajo el amparo del anonimato digital, se trivializa o niega la violencia contra las mujeres.
El chiste envejece; la exclusión que normaliza permanece
Los efectos adversos de este tipo de contenidos virtuales no son pocos. Los mitos que perpetúa este capitalismo de plataformas reducen la pluralidad, ocultando las experiencias de privilegio u opresión dependiendo del lugar en donde se sitúe cada varón en la estructura social: hombres trabajadores, pobres, indígenas, jóvenes, adultos mayores, afrodescendientes, homosexuales, migrantes o con alguna discapacidad que, al no cumplir con el mandato de la masculinidad hegemónica, con frecuencia tienden a ser víctimas de burlas, acoso, castigos comunitarios o agresiones directas y exclusión, así como a sufrir de ansiedad, depresión y culpa.(10)
Por otro lado, esas narrativas favorecen el aumento de la violencia por razón de género contra las mujeres más allá de las redes, pues a menudo tiene lugar un continuo de discriminación que puede prolongarse fuera de internet y viceversa. En ocasiones, las distintas formas de esa violencia digital funcionan como extensión del control coercitivo, aceleran las trayectorias de riesgo en las relaciones abusivas y proporcionan una vía para la continuación de la violencia, aunque no se tenga proximidad física con la víctima.(11)
Finalmente, otro aspecto crítico es que quienes más interactúan en estos sitios son los jóvenes, que buscan no solo entretenimiento sino también referentes identitarios o emocionales y ven a los influencers de la manosfera como modelos de éxito personal, económico y afectivo. Pero estos solo refuerzan el individualismo, el narcisismo y la agresividad, exponiendo a sus seguidores a relatos extremos o reaccionarios que no son regulados sino mercantilizados por las plataformas.(12) En ese contexto, las crisis económicas, las frustraciones y las contradicciones del capitalismo son desplazadas simbólicamente hacia las mujeres y el feminismo, a quienes responsabilizan de los malestares sociales, mientras se mantienen íntegros los supuestos neoliberales de libre mercado, la meritocracia y la responsabilidad individual.(10)
Conclusión
En su texto Intersectionality as Critical Social Theory, Patricia Hill Collins nos recuerda que desde el enfoque interseccional se puede analizar la articulación de los múltiples ejes de desigualdad en las experiencias y las relaciones humanas para develar la existencia de nuevos sistemas de poder en un contexto histórico.(13) Desde esta perspectiva, el estudio de las masculinidades es útil para constatar que ser hombre no es una esencia biológica inmutable y que es necesario derribar ese paradigma normativo porque la masculinidad en tanto construcción sociocultural cambia y se cruza con categorías como clase, raza, edad, preferencia sexual o territorio para mostrar que se puede vivir desde la experiencia, la identidad y un propio lugar de enunciación; de ahí que el discurso de hombría que se ha difundido desde hace una década en América Latina corresponda a una tendencia ideológica de derecha que busca retornar a un orden social jerárquico basado en roles tradicionales y valores religiosos que se articulan con estructuras de dominación como el capitalismo y el patriarcado para legitimar la subordinación de las mujeres y marginar otras formas de expresión de lo masculino, lo que amenaza con socavar el avance de los derechos sociales y las libertades alcanzadas históricamente.
Asimismo, desde la lógica neoliberal, el discurso sobre el macho alfa se difunde a través de las plataformas digitales para lucrar con la soledad, ansiedad e identidad de los jóvenes que creen construir una hermandad (manosfera), un camino hacia el éxito (ser millonario) y una solución frente a una sociedad que supuestamente le ha fallado a los hombres (antifeminismo). Se configura entonces lo que especialistas han denominado “una industria del agravio masculino”, que monetiza la vulnerabilidad y el odio creando condiciones de riesgo para que quienes asimilan estos discursos se vean expuestos a la violencia, la marginación y la discriminación.
* Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa.
Referencias
(1) Pacheco Méndez, G. (2019). Las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016: ¿elecciones críticas o continuidad? Revista Mexicana de Estudios Electorales, 3(22), julio-diciembre, 9-36.
(2) American Civil Liberties Union. (2025). ACLU 2025 Annual Report. https://www.aclu.org/publications/aclu-2025-annual-report
(3) Costa, A., Rivera Osorio, A. y Gutiérrez, J. R. (2026, 26 de marzo). ¿Existe una masculinidad trumpista? Manosfera, ultraderecha y redes digitales [Webinar]. Centro de Investigaciones sobre América del Norte, UNAM.
https://www.youtube.com/watch?v=SOUtRL2gITU
(4) Heilman, B., Barker, G. y Harrison, A. (2017). The Man Box: A study on being a young man in the US, UK, and Mexico. Promundo-US y Unilever. https://www.equimundo.org/resources/man-box/
(5) Organización Panamericana de la Salud. (2019). Masculinidades y salud en la Región de las Américas. Organización Panamericana de la Salud. https://doi.org/10.37774/9789275321638
(6) Rovira Kaltwasser, C., Arriaza Moreno, T. y Tanscheit, T. (2025). Actitudes antifeministas en América Latina. Friedrich-Ebert-Stiftung, Oficina en Chile. https://collections.fes.de/publikationen/ident/fes/21989
(7) Mapa Latinoamericano de Feminicidios [MLF]. (2025). Plataforma de datos y monitoreo. MundoSur. https://mlf.mundosur.org/
(8) Red sin Violencia LGBTIQ+. (2025). Informe de homicidios y crímenes de odio, 2025. https://sinviolencia.lgbt/boletin-homicidios-armas-fuego-lgbtiq-america-latina-2023-2025/
(9) Equimundo. (2023). The manosphere, rewired: Understanding masculinities online and pathways for healthy connection [Informe]. https://www.equimundo.org/resources/manosphere-rewired/
(10) Muñoz-Saavedra, J. y Bär Kwast, B. (2025). Masculinidades hegemónicas, antifeminismo y capitalismo de plataformas. Análisis y acción en una experiencia de alfabetización digital crítica en educación superior. Izquierdas, 54. https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-50492025000100244&script=sci_arttext
(11) ONU Mujeres. (2025, 18 de noviembre). La violencia digital se está intensificando, pero casi la mitad de las mujeres y niñas del mundo carecen de protección jurídica frente al abuso digital. https://lac.unwomen.org/es/stories/noticia/2025/11/la-violencia-digital-se-esta-intensificando-pero-casi-la-mitad-de-las-mujeres-y-ninas-del-mundo-carecen-de-proteccion-juridica
(12) Bujalka, E., Rich, B. y Bender, S. (2022). The manosphere as an online protection racket: How the Red Pill monetizes male need for security in modern society. Fast Capitalism, 19(1). https://espace.curtin.edu.au/handle/20.500.11937/89661
(13) Hill Collins, P. (2019). Intersectionality as critical social theory. Duke University Press.
























