Año 1, núm. 1, agosto de 2025
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Poder Judicial: el reto de juzgarse a sí mismo
Entrevista con Indira García Pérez
Jesús Caudillo
En medio del debate por la reforma judicial más polémica de las últimas décadas, Indira García Pérez asume un papel clave: encabezar, como magistrada electa, el nuevo Tribunal de Disciplina Judicial, con la misión inédita de vigilar y sancionar a integrantes del poder judicial mexicano.
En la antesala de la puesta en marcha de la reforma judicial más controversial de los últimos tiempos, El Diluvio conversó con Indira García Pérez, magistrada electa del nuevo Tribunal de Disciplina Judicial. La creación de este órgano marca un punto de ruptura en el diseño del sistema judicial mexicano: por primera vez, una institución independiente, con cinco magistrados designados por voto popular, tendrá la facultad de supervisar, evaluar y, en caso necesario, sancionar a jueces, magistrados e incluso a ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Para García Pérez, este tribunal representa una oportunidad única, pero también una responsabilidad enorme. Abogada por la Universidad de Colima, con experiencia en la docencia universitaria, la transparencia y la fiscalización pública, la magistrada reconoce que el reto es doble: construir legitimidad y credibilidad en un momento en que la sociedad mexicana cuestiona profundamente a las instituciones.
Un tribunal con la carga de refundar la confianza
“Estamos frente a una gran responsabilidad, pero igual ante la posibilidad de fortalecer el sistema de justicia que tanto necesita el país”, subraya. García Pérez sabe que el arranque de este tribunal no estará exento de dudas ni de presiones políticas. Su integración —tres mujeres y dos hombres— será observada con lupa desde el primer día.
También reconoce que el nuevo órgano no solo debe sancionar, sino convertirse en un espacio de supervisión, acompañamiento y fortalecimiento del trabajo judicial:
No se trata únicamente de castigar. Se trata de construir procesos más justos, más humanos, más eficaces. Debemos señalar debilidades y trabajar para corregirlas. No llegamos a una alfombra roja, pero tampoco a un derrumbe; nuestro trabajo será fortalecer el sistema de justicia para que la legalidad llegue a todos los rincones.
¿Un poder paralelo o una garantía de equilibrio?
La reforma judicial de 2025 ha sido cuestionada en muchos frentes. Una de las críticas recurrentes apunta al riesgo de que el Tribunal de Disciplina Judicial se convierta en un “superpoder” que reemplace al Consejo de la Judicatura Federal o que pueda ser utilizado con fines políticos. García Pérez responde con firmeza:
No tenemos otra opción más que actuar dentro de la legalidad. Como autoridades, lo que la ley no permite, simplemente no se hace. Esa es la única forma de evitar que este tribunal se convierta en un instrumento político o en una herramienta de control.
La magistrada insiste en que la legitimidad no se presume, sino que se construye:
La ciudadanía nos eligió y el reclamo será muy duro si no estamos a la altura. Nuestro deber es rendir cuentas con resultados y transparencia. Si queremos que la sociedad confíe en nosotros, debemos demostrar que no somos tapadera de nadie.
La sombra de los “acordeones”
En junio de 2025, durante la elección de magistradas y magistrados, surgió una polémica en torno a los llamados “acordeones”, los cuales eran listas de nombres recomendados que circularon en redes sociales y espacios políticos. García Pérez fue incluida en alguna de esas listas, lo que provocó críticas sobre la legitimidad del proceso. Ella no rehúye el tema:
No tengo idea de cómo llegó mi nombre a esos acordeones. Me deslindé públicamente desde el inicio. Lo que puedo garantizar es que mi trabajo, a partir del 1 de septiembre, será con absoluta apertura, con responsabilidad y con el compromiso de hacer que nuestro sistema de justicia sea mejor cada día.
Formar una nueva cultura judicial
Uno de los ejes de la conversación con El Diluvio fue la necesidad de transformar la relación entre el Poder Judicial y la sociedad. ¿Cómo construir una cultura de independencia judicial en medio de una polarización creciente?
La magistrada lo resume con una idea central: formación y apertura.
Siempre he creído en la capacitación como herramienta para evitar la corrupción y los abusos de poder. Un funcionario público preparado y consciente de su responsabilidad difícilmente comete actos de corrupción. Debemos profesionalizarnos y, al mismo tiempo, acercarnos a la ciudadanía para explicar lo que hacemos y por qué lo hacemos.
García Pérez, quien ha sido catedrática universitaria, ve en las universidades un aliado clave para este proceso:
Las instituciones judiciales deben abrir sus puertas a las nuevas generaciones. Necesitamos un relevo profesional que entienda la justicia no solo como técnica, sino como un servicio a la sociedad. Este tribunal será, también, un espacio de aprendizaje y formación para quienes vienen detrás.
La independencia judicial en riesgo
El debate sobre la independencia judicial es, quizá, el punto más delicado de esta nueva etapa. Organizaciones civiles y sectores académicos han advertido que la elección por voto popular podría politizar al Poder Judicial y someterlo a intereses facciosos.
Frente a estas críticas, García Pérez es contundente:
La independencia no se construye con discursos, se construye con resultados. No somos políticos. Mi compromiso es con la ley y con la ciudadanía. Entiendo las dudas, pero el tribunal no debe ser rehén de ningún poder.
Además, reconoce que el riesgo existe, pero afirma que se puede contrarrestar con una cultura interna de ética, profesionalismo y transparencia:
No es fácil. Estamos en una época de ruido y de polarización. Pero debemos tener claro que nuestro único referente es la legalidad. La independencia se demuestra en cada resolución, en cada decisión que se toma con apego a derecho, aunque sea impopular.
Un tribunal para la gente
Uno de los objetivos de García Pérez es lograr que el Tribunal de Disciplina Judicial sea una institución cercana y entendible para la sociedad:
La justicia no puede ser un lenguaje hermético, reservado para especialistas. La ciudadanía necesita saber qué hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos. Esa será una de mis prioridades: abrir el tribunal, explicar sus decisiones y garantizar que cualquier persona pueda entender qué se está resolviendo.
Mirar hacia adelante
La magistrada concluye con una visión de largo plazo:
La reforma ya está hecha. Ahora hay que trabajar, sumar esfuerzos y demostrar que este nuevo sistema puede dar resultados. Nos espera una tarea enorme: reconstruir la confianza en la justicia, acercarla a la ciudadanía y garantizar que la ley no sea un discurso vacío, sino una realidad palpable.
Su mensaje final es un llamado a la corresponsabilidad:
El 1 de septiembre comienza una nueva etapa para el Poder Judicial en México. No podemos fallar. Este tribunal nace con el compromiso de servir al país, con la convicción de que la justicia no es propiedad de los jueces, sino un derecho de todos.


























