Año 1, núm. 2, septiembre de 2025
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Democracia y elecciones autocráticas: contexto y ruta de las reformas electorales en América Latina
Carlos González Martínez
América Latina suma casi 300 reformas electorales en 40 años: de motores de la transición democrática a armas de autocratización
Las reformas sirven para componer o descomponer las cosas. En política democrática y sus elecciones, ello ocurre según soplen los vientos imperantes: a veces para bien, a veces para mal. Dicho de manera más adecuada: en la política y sus elecciones, las reformas, sean constitucionales y/o legales, tienen invariablemente una intencionalidad que puede consistir en mejorar el estado de cosas o en cambiarlo, no necesariamente mejorándolo. Sea como fuere, siempre están atenidas al contexto de los procesos políticos de los que son y acaban formando parte.
En el caso de las democracias latinoamericanas, eso se ha acreditado en una horneada de reformas electorales que, a fines del siglo pasado y aun a comienzos del presente, fue determinante para apuntalar en la región los vientos de la llamada tercera ola de la democracia (1). De este modo, el esfuerzo contribuyó a los procesos de cambio político de transición hacia la democracia, en tanto que una segunda horneada de reformas electorales ha comenzado, desde la segunda década del siglo, a remar en sentido inverso. Ello ha contribuido a la expansión de los procesos de cambio político de transición hacia la autocracia, si no es que directamente al autoritarismo. Esa es la ruta de las recientes reformas electorales en América Latina que exploramos en este mapa diluviante de preocupaciones y convocatorias resilientes.
Las reformas en su contexto
Siguiendo a Daniel Zovatto, las reformas electorales son “procesos estratégicos de carácter eminentemente político que buscan redefinir un número determinado de normas que impactan en el diseño y funcionamiento del sistema político” (2). Desde el mirador de estas líneas, el impacto buscado de las recientes reformas electorales latinoamericanas sobre el diseño y funcionamiento de los desiguales y a la postre inestables sistemas políticos democráticos de la región ha sido simple y llanamente su erosión, si no es que el desmantelamiento de, al menos, sus pilares fundamentales.
Esa intencionalidad no ha sido gratuita ni se presenta descontextualizada (3). En el mundo y en América Latina, las reformas electorales de la transición a la autocracia ocurren en el marco de una mecánica del retroceso democrático que ha advertido Adam Przeworski. Dichas reformas las han documentado y advertido también diversas organizaciones internacionales como el proyecto V-DEM del Instituto del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Gotemburgo, Suecia; el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional) (5) e incluso la Unidad de Inteligencia de The Economist.
De acuerdo con el reporte Democracy Report 2025. 25 Years of Autocratization – Democracy Trumped? (6), de V-DEM, en el mundo actualmente se registran 45 países que se encuentran en procesos de transición a la autocracia (autocratización) y tan solo 19 en procesos de transición a la democracia (democratización). A principios de la década de los años noventa del siglo pasado se registraban 71 países en procesos de democratización (frente a los 19 actuales) en tanto que, a mediados de los años ochenta, prácticamente no se identificaban procesos de autocratización. Esto ha derivado en que si en 2004 el 51 % —la mayoría— de la población vivía en democracias, en 2024 lo hacía solo el 28 % —menos de una tercera parte—.
La tendencia democratizadora se ha revertido y ahora el mundo, no solo América Latina, vive un retroceso o regresión. Las democracias no mueren a manos de dictadores asesinos, sino de presidentes electos. No es el Palacio de la Moneda bombardeado por militares traidores, sino los congresos nacionales y los poderes judiciales sometidos, sin oposición partidaria que merezca esa denominación. A la par, hay una población arrinconada en los esperpénticos hedores con los que ha digerido su legítimo disgusto, desconfianza y desolación capturada por demagogos populistas y dineros distribuidos sin mesura ni responsabilidad. Son los 25 años de autocratización que denuncia V-DEM y los ocho años de regresión autoritaria que IDEA Internacional señala en sus más recientes informes globales sobre el estado global de la democracia en el mundo (7).
Para América Latina y El Caribe, en voz de Kevin Casas, secretario general de IDEA Internacional, esta situación se contextualiza así:
- El número de países que experimentan un deterioro en su desempeño democrático en los últimos cinco años supera con creces al número de países que han visto progresos. América Latina y el Caribe no son una excepción, muchos países donde la democracia ya lo estaba pasando mal han ido a peor. La democracia está bajo ataque en todo el mundo. Ante nosotros han proliferado gobiernos, proyectos políticos y liderazgos que atacan sistemáticamente a la independencia judicial, manipulan en su beneficio las estructuras y normativas electorales, acusan a sus opositores y reducen el espacio cívico. (8)
Este es el contexto en el que toman ruta las reformas electorales de la transición a la autocracia en la región.
Las reformas latinoamericanas: de la transición a la autocracia
En la región, desde hace tiempo se emprendió una ruta que se distingue por múltiples escalas, en lo que el Observatorio de Reformas Políticas en América Latina (9) denomina un “activismo reformista”. En un texto referencial, Flavia Freidenberg y Cristhian Uribe Mendoza documentan que “América Latina es la región del mundo que más reformas electorales ha realizado en las últimas cuatro décadas… al menos 265 en quince dimensiones claves de sus sistemas electorales entre 1978 y 2018” (10), cifra que Daniel Zovatto actualiza a 297 hasta el 2022 con datos del propio Observatorio (11).
En 2004, más de la mitad del mundo vivía en democracia; en 2024, apenas el 28 %.
Naturalmente, no todas esas reformas han tenido una naturaleza regresiva como, por ejemplo, en temas de género, inclusión, financiamiento partidario y participación ciudadana donde destacan los casos de Chile, Argentina, Brasil, México y Guatemala, con todo y sus vaivenes y dificultades de observancia política efectiva. Pero lamentablemente sí han sido regresivas las reformas más relevantes por sus impactos holísticos en el diseño y funcionamiento de los sistemas políticos de la región.
Este es el contexto de activismo reformista latinoamericano de la autocratización. Tampoco, por cierto, ajeno a la tendencia mundial anotada y en la que se ha llegado a hablar de estrés constitucional o stress test para denominar al estado de tensión o claro ataque contra bases constitucionales democráticas que ponen a prueba su capacidad de resistencia ante embates autocráticos, tanto exógenos (pandemias, guerras, etc.) como endógenos. Desde esta óptica, dichos ataques provienen fundamentalmente de los poderes ejecutivos (centralismo presidencial, captura del poder judicial y las autoridades electorales, manipulación de los procedimientos electorales, etc.). Todo lo cual ha dado por resaltar la necesidad (urgente) de resiliencia frente al llamado backsliding (12).
Como en el contexto internacional, en el latinoamericano las reformas electorales de la autocracia se dirigen hacia pilares clave del sistema democrático, “que impactan en el diseño y funcionamiento del sistema político”. Sin pretender ser exhaustivo, bien se pueden mencionar la reelección presidencial, la afectación de los procedimientos electorales y de representación, así como la captura de las instituciones electorales. La mayor parte de estos embates autocráticos provienen del Ejecutivo y son avalados por el Poder Legislativo, pero también por el Judicial. Veamos.
Reelección presidencial
Si la autocracia se define en la concentración del poder en una sola persona, esta tiene su expresión más nítida en la obtención de la supremacía del Poder Ejecutivo sobre el resto de los poderes de la República, las instituciones de la democracia, la sociedad civil, los medios de comunicación y, lo que es más lacerante, la ciudadanía misma. En América Latina, ello tiene expresión en un fenómeno que durante décadas fue proscrito y hoy pulula por toda la región como un fantasma esperpéntico que le recorre con cada vez mayor profusión: la reelección.
Venezuela (2009), Nicaragua (2014), Honduras (2015), Bolivia (2017) y El Salvador (2025) han caminado en esa dirección, al extremo que V-DEM señala a Nicaragua, El Salvador y Venezuela como autocracias electorales (13). Todos esos países han establecido ahora la reelección, pero no solo como tal, sino también como indefinida. Chávez, Maduro, Ortega, Bukele e incluso el intento fallido de Morales en Bolivia, han transitado hacia la reelección indefinida con el sometimiento de los poderes legislativos para promulgarla y de las cortes de justicia para validarla.
América Latina ha realizado casi 300 reformas electorales en 40 años: muchas hoy erosionan la democracia.
Quizá el caso más dramático de alineación del Poder Legislativo y, sobre todo, el Judicial al Ejecutivo es el boliviano, donde en 2017 el Tribunal Constitucional emitió una sentencia que habilitó la reelección indefinida con el peregrino argumento de que conformaba un “¡“derecho humano!” Esta singular interpretación fue echada abajo en 2021 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que señaló que la reelección indefinida es contraria a la Convención Americana (14).
Como distingue a los autócratas latinoamericanos, esta restricción legal, en este caso convencional e institucional interamericana, no constituyó obstáculo alguno para la tozuda candidatura reeleccionista de Evo Morales. Ello derivó en una surrealista historia que tiene a su partido con el 3 % de los votos emitidos en la elección presidencial del 17 de agosto pasado (15) y a Evo Morales con el 18 % de los votos… nulos, pues ¡no fue candidato, pero convocó a la anulación del voto! Circunstancia contrastante que, por cierto, bien alienta nuestras convicciones, ánimos y acciones resilientes.
Afectación de los procedimientos electorales y de representación
La forma más directa de convertir una reforma electoral en autocrática es afectando con ella a los procedimientos propiamente electorales y de representación que consisten, precisamente, en el diseño por medio del cual se transforman los votos en cargos de elección popular.
Por eso destacan los casos de Venezuela (2020) y El Salvador (2023-2025), en la perspectiva de lo que Giovanni Sartori ha llamado la “ingeniería política sesgada” (16), mediante la cual se afectan los sistemas de representación política para la preservación o aumento de la presencia de las fuerzas políticas del Ejecutivo y en detrimento del pluralismo en el Legislativo.
El caso de Venezuela es burdo, el de El Salvador más aún y ambos igualmente preocupantes. En Venezuela, el Tribunal Supremo de Justicia modificó en 2020 los procedimientos de las elecciones legislativas, incrementando el número de escaños de 167 a 277 e introduciendo listas nacionales que favorecieron al régimen. En consonancia con las aspiraciones autoritarias de las mayorías políticas de las autocracias latinoamericanas, como consecuencia de ello prácticamente desapareció la representación proporcional pluralista y se cuestionó la independencia de la institución electoral.
Por su parte, en El Salvador las reformas han modificado la geografía electoral, incluido el número de municipios y las diputaciones, para consolidar la transición a la autocracia. De esta forma, se pasó de 262 a 44 municipios y de 84 a 60 diputaciones en la Asamblea Legislativa. Tras las elecciones de 2024, Nuevas Ideas (el partido de Nayib Bukele) y sus aliados gobiernan 43 de los 44 nuevos municipios, en tanto que solo la bancada de Nuevas Ideas cuenta con 54 de las 60 diputaciones.
Captura de las instituciones electorales y procedimientos judiciales
Pero el círculo de la autocracia electoral no puede cerrarse si no se captura o coloniza a las autoridades electorales e incluso se emplea a las instituciones del Estado en forma facciosa. La captura ocurre como en Nicaragua, cuando la reforma de 2021 dejó al Consejo Supremo Electoral bajo el control de Ortega y Murillo, o aun sin reforma como en Venezuela, cuando en el 2020 y contraviniendo las disposiciones constitucionales, el Tribunal Supremo designó directamente a los integrantes del Consejo Nacional Electoral, dejándolo a las órdenes del régimen de Maduro. La colonización no requiere de una reforma o de contravenir las normas, sino también aplica con su uso faccioso, aprovechando las mayorías parlamentarias para integrar un órgano electoral a modo, como ha ocurrido parcial, paulatina y recientemente en México (17).
Las democracias mueren en los congresos sometidos y cortes capturadas, no en palacios bombardeados.
Por su parte, el empleo faccioso de las autoridades punitivas del Estado se denomina recientemente como lawfare (18) e implica el uso del derecho penal y judicial como arma política electoral. Esta práctica se ha extendido peligrosamente en la región, pervirtiendo a las instituciones coercitivas del Estado y afectando la integridad electoral. Sin duda los casos más graves han sido Nicaragua, Venezuela y El Salvador, en tanto que Guatemala, Bolivia, Perú y Honduras e incluso México registran experiencias que vulneran la competencia política democrática y la legitimidad de las autoridades electorales.
Un extremo institucional se registró en Guatemala, donde en las elecciones de 2023 el Ministerio Público intentó la supresión judicial del partido Semilla del presidente Arévalo incluso después de su triunfo, además de arremeter judicialmente en contra de magistraturas del Tribunal Supremo Electoral.
Un extremo político lo encontramos en varias experiencias, pero sobre todo en las elecciones presidenciales de 2025 en Bolivia, donde las diferencias políticas entre Evo Morales y su sucesor Luis Arce llegaron a procesos judiciales que contribuyeron a situar al Movimiento al Socialismo (MAS) en el 3 % de las preferencias.
Un extremo humano, como tantos y tantos, lo tenemos en Nicaragua, donde el lawfare ha llegado a quitar la nacionalidad a disidentes, incluso a quienes antaño habían apoyado al sandinismo, como la poeta Gioconda Belli (19).
El Diluvio de la resiliencia democrática ante el vendaval autócrata
Tal es la penosa ruta de las reformas electorales de la transición latinoamericana a la autocracia y la práctica indolente de sus coaliciones gobernantes. Ruta que se abre paso entre nuestras sociedades del cansancio (20) y sus huellas de democracia fatigada (21). Ruta que, sin embargo, señala un norte: las reformas a la autocracia siempre han salido adelante en forma autoritaria y sin consensos, en tanto que las reformas a la democracia siempre lo fueron en forma pluralista y con consensos, mientras que las resistencias efectivas siempre han venido acompañadas de movilizaciones ciudadanas y de sus conciencias.
La resiliencia democrática —posible y urgente— debe construirse desde la ciudadanía. Para revertir la regresión autoritaria necesitamos consensos amplios y reformas con visión de futuro, capaces de superar nuestras carencias institucionales y sociales. A semejante propósito convocan desde aquí urgente y airadamente este Diluvio de ideas y advertencias.
Referencias
- Huntington, S. P. (1994). La tercera ola: La democratización a finales del siglo XX (J. Delgado, trad.). Paidós.
- Zovatto, D. (13 de marzo de 2025). Conferencia magistral dictada durante el acto de instalación de la Comisión Nacional de Reformas Electorales 2025 [Conferencia Magistral]. Tribunal Electoral. Panamá. https://www.youtube.com/live/Uk8nip1pG8s?si=OBmC7up-0xLYB3b3
- Como habrá advertido la persona lectora atenta, aquí seguimos la advertencia de Dieter Nohlen sobre la importancia del contexto para los sistemas electorales. Véase, por ejemplo: Nohlen, D. (2008). Sistemas electorales en su contexto. Suprema Corte de Justicia de la Nación. México.
- Przeworski, A. (2023). La mecánica del retroceso democrático (Conferencias Magistrales, núm. 48). Instituto Nacional Electoral. México.
- En su informe “Designing Resistance” IDEA Internacional incluso identifica 12 “hilos de tácticas” utilizadas por gobiernos autocratizadores, como el empleo de la judicatura, la merma de la integridad electoral y el combate a los contrapesos institucionales, proponiendo criterios para la resiliencia. Véase: International IDEA. (2023). Designing resistance: Democratic institutions and the threat of backsliding. International IDEA. https://doi.org/10.31752/idea.2023.76
- https://www.v-dem.net/documents/60/V-dem-dr__2025_lowres.pdf
- https://www.idea.int/gsod/gsod
- https://www.idea.int/es/news/las-luces-y-sombras-de-la-democracia-en-america-latina-y-el-caribe
- https://www.reformaspolíticas.org/inicio
- https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/11/5388/2.pdf
- Zovatto, D. (13 de marzo de 2025). Doc. cit.
- La Comisión de Venecia ha determinado estándares para medir y revertir este llamado estrés constitucional. Véase: Venice Commission (European Commission for Democracy through Law). (2016). Rule of Law Checklist (CDL-AD(2016)007). Council of Europe. https://www.venice.coe.int/webforms/documents/default.aspx?pdffile=CDL-AD%282016%29007-e&utm_source=chatgpt.com
- V-DEM (2025) Op. Cit.
- Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2021). Opinión Consultiva OC-28/21: La reelección presidencial indefinida y su compatibilidad con la Convención Americana. San José.
- https://computo.oep.org.bo
- Sartori, G. (1994). Comparative Constitutional Engineering. Macmillan.
- En 2003 una coalición del PRI y PAN designó un Consejo General, sin la participación de las fuerzas políticas que posteriormente integrarían Morena. En 2020 el propio Morena aplicó la misma fórmula y designó a consejerías mayoritariamente afines a sus intereses. Lo mismo ha ocurrido recientemente con la designación de Ministros y Ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, aún antes de la así llamada “elección judicial”.
- El término fue introducido en el ámbito militar por Charles Dunlap (2001. Law and Military Interventions: Preserving Humanitarian Values in 21st Century Conflicts. Harvard University), quien lo refirió como el uso estratégico del derecho como un arma de guerra. Más tarde, en América Latina autores como Raúl Zaffaroni (2016. La palabra de los muertos: conferencias de criminología cautelar. Buenos Aires. Ediciones Colihue) llevaron el concepto al ámbito político y judicial.
- https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-64590876
- Véase: Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio (Arantzazu Saratxaga Arregi, trad.). Herder.
- Véase: Alcántara Sáez, M. (2024). Huellas de la democracia fatigada. Océano Atlántico Editores.


























