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El silencio que costó la reforma judicial
Mariluz Roldán* y Jorge Ramos**
La Suprema Corte de Justicia de la Nación perdió la batalla por la opinión pública antes de que comenzara la reforma judicial. Mientras desde el poder político se construía una narrativa que desacreditaba al Poder Judicial, el máximo tribunal guardó silencio o habló en un lenguaje que la ciudadanía nunca entendió. El resultado fue evidente: cuando llegó el momento de defenderla, casi nadie salió a las calles.
¿Por qué la sociedad no se desbordó en las calles para defender a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) cuando se anunció la reforma judicial el 5 de febrero de 2024? Una respuesta simple: porque no la conocen, porque no saben qué hace.
Por supuesto, eso no es culpa de las personas, sino de la deficiente comunicación que se hizo en aquel alto tribunal durante décadas y que fue compleja de revertir en medio del golpeteo político desde la Presidencia de la República.
En 200 años de existencia, la SCJN realizó un trabajo loable en materia de justicia y de protección de derechos humanos fundamentales, hechos que contribuyeron a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía en su día a día, sin ser perfecta, porque toda obra humana incurre en errores y fallas.
Durante años, la Corte dejó espacios de comunicación que fueron ocupados por discursos políticos, críticas y desinformación. Sin una narrativa propia, la institución perdió la batalla por la opinión pública.
Hechos tan significativos como el que una persona pueda acceder a atención médica y al tratamiento que requiere; que una pareja del mismo sexo pueda contraer matrimonio; que las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo en materia de aborto y que personas como usted, estimada lectora, estimado lector, y como nosotros, podamos exigir la reparación del daño si somos víctimas de alguna violación a nuestras garantías.
Aunque la Corte desempeña un papel fundamental para que las y los mexicanos gocen de una vida digna, no muchas personas salieron a las calles para evitar la reforma judicial que se propuso, como sí ocurrió en otros países como Israel. En el caso de México, el alto tribunal dejó libres espacios de comunicación que otros Poderes de la Unión llenaron con mentiras, insultos y retórica.
Alguna vez una persona dijo que le parecía necesaria la reforma judicial porque la Corte solo protegía a millonarios como Ricardo Salinas Pliego, liberaba delincuentes y las y los ministros estaban llenos de privilegios. Era el discurso cotidiano del expresidente Andrés Manuel López Obrador en una de sus tantas conferencias mañaneras que usó para denostar al Poder Judicial.
La Corte sumó, de 1989 a 2025, un acervo de 113 307 sentencias; 17 498 jurisprudencias; 309 612 tesis; 3 420 acuerdos, y 9 198 votos. La ministra Lenia Batres Guadarrama escribió en la red social X, el 19 de agosto de 2025, “termina la era de la Corte neoliberal”. Luego replicó la idea en su artículo dominical en el periódico El Universal bajo el título “Adiós a la Suprema Corte neoliberal”. ¿Conocerá el acervo de la Corte?
La investigadora Azul Aguiar recientemente dio a conocer el libro La independencia judicial en jaque. Ataques al Poder Judicial 2018-2024, de la Fundación para la Justicia, y ahí documenta que en 475 “mañaneras”, de un total de 1 646, el entonces presidente López Obrador expresó algo en contra del Poder Judicial o sus integrantes, ministras, ministros, magistradas, magistrados o jueces y juezas. Nadie se salvaba de la metralla verbal. Aunado a ello, Aguiar describe que en 102 de 423 sesiones de la Cámara de Diputados también se atacó a las y los juzgadores, mientras que en el Senado se registraron momentos de agresión en 101 de 459 sesiones.
¿Las ministras y los ministros de la Corte debían tener su propia “mañanera” para contrarrestar esa narrativa? Consideramos que no; sin embargo, es un hecho que la institución no supo comunicar lo que hacía ni la relevancia de sus sentencias para la sociedad. No se comunicó bien durante décadas y en el momento en que se necesitaba músculo solo hubo flacidez, reacciones tardías o silencio.
La resistencia al cambio
Difícilmente la labor del comunicador social se hace pública. ¿Era urgente hacer mucho más? Sí. El problema es que durante años se difundieron comunicados farragosos y con un lenguaje técnico hasta el exceso, a destiempo o de plano no se comunicaba. Las sentencias hablaban, pero para entenderse con juristas del calibre de Roberto Gargarella.
Había personas en las salas y ponencias que pensaban que por intentar registrar en un lenguaje más sencillo se buscaba “banalizar” las resoluciones de las y los ministros. Así lo decía un abogado con maestría y doctorado.
Una gran frustración fue no haber podido cambiar los comunicados de prensa para hacerlos accesibles a todas y todos, mediante un lenguaje más sencillo y claro. Las resistencias al interior de la institución eran grandes, regidas por usos y costumbres grabadas en piedra.
Apenas en julio de 2025, la última presidenta de la Primera Sala, la ministra Loretta Ortiz, reconoció en una entrevista periodística que la Corte nunca supo comunicar bien. La expresidenta Norma Lucía Piña Hernández, la exministra Ana Margarita Ríos Farjat y el exministro Javier Laynez Potisek, declararon también en múltiples ocasiones que el Alto Tribunal no supo comunicar bien durante años y por esa razón no logró acercarse a la gente.
Durante su presidencia, Arturo Zaldívar sin duda salió en medios y en redes sociales, pero se le recuerda más por declararse feminista, swiftie y por juguetear con su perro en la oficina de la presidencia de la Corte en el segundo piso del edificio de Pino Suárez núm. 2. En su gestión contrató a un tiktoker que previamente le hizo una estrategia para sus redes sociales personales.
Las redes sociales fueron subutilizadas y, si en el último año se intentó unificar criterios, venían las piedras en el camino para impedirlo. Fue un error tener la operación de las redes sociales en oficinas distintas en el periodo de mayor ataque desde el Ejecutivo y otros actores alineados con esa narrativa en 2024, por ejemplo.
La responsabilidad no fue solamente de Comunicación Social, sino también de las y los ministros. La mayoría de ellos, con años de carrera en el ámbito jurisdiccional y gran preparación académica, estaban acostumbrados a aplicar la conocida frase: “el juez habla por sus sentencias”, así habían vivido por mucho tiempo y no habían tenido la necesidad de salir a comunicar. Y quizá tenían razón, porque quien debió acercarse a la gente fue su oficina de prensa.
Comunicados técnicos, tardíos y poco accesibles impidieron que la sociedad entendiera el impacto real de las sentencias del máximo tribunal en su vida cotidiana.
Existía también otro aspecto: el hecho de que los asuntos llegaran a la Corte, y si alguno de los ministros emitía una declaración en medios de comunicación, posteriormente corría el riesgo de estar impedido de participar en la discusión del tema. Como le ocurrió, por ejemplo, a la ministra Lenia Batres en el caso de Ricardo Salinas Pliego. El riesgo de que sus declaraciones causaran un impedimento posteriormente, sin duda fue un freno importante para que dieran más entrevistas.
Juzgadores, quienes tomaron la defensa
En diversos momentos se comentó con juzgadores que era necesario hallar a “las y los Oliver Sacks del Poder Judicial”. Sacks fue un neurólogo inglés que se convirtió en divulgador de la ciencia. No todos podían ser los modernos Oliver Sacks, pero no se buscaron y los pocos que hubo no se explotaron lo suficiente.
En medio de la discusión en torno a la reforma judicial, las voces que más se hicieron escuchar fueron las de juezas, jueces, magistradas y magistrados, quienes salieron a dar la cara por el Poder Judicial y llenaron los vacíos de silencio que había. En julio de 2024, previo a la aprobación de la reforma judicial, se capacitó a más de 60 juzgadores de todo el país para que se desempeñaran con soltura en los medios, tanto en la redacción de artículos periodísticos como en entrevistas y hasta foros de debate y discusión.
Muchos de ellos se convirtieron en los principales voceros para dar argumentos sólidos, no denuestos ni mentiras, en torno a la reforma judicial. Ellas y ellos dieron entrevistas en radio, televisión, medios digitales y periódicos en diversas entidades federativas.
Hubo el caso de una juzgadora que el día que tomó el taller se sentía muy agobiada porque creía haber respondido mal a una pregunta que le hicieron en un noticiero. Con el paso del tiempo se fue soltando frente a la cámara y se convirtió en una de las portavoces más activas.
Otros se sentían más cómodos escribiendo, por lo que colaboraron con artículos de opinión para explicar a detalle lo que estaba ocurriendo y los riesgos que conllevaría la reforma judicial, mientras que algunos más se convirtieron en influencers en redes sociales, en donde difundieron materiales informativos a sus seguidores para explicar los riesgos que entrañaba la reforma judicial.
Así como fue una sorpresa que muchos juzgadores se aventuraran a salir en medios de comunicación, también causó impacto la popularidad que lograron algunas ministras y ministros tales como Javier Laynez Potisek, quien conquistó a la ciudadanía con su sinceridad al hablar frente a la cámara.
Uno de los momentos más recordados del ahora ministro en retiro fue en octubre del año pasado, cuando el iniciar la entrevista la periodista Azucena Uresti le preguntó: “¿Cómo está?”, y él respondió sin titubeos: “Mal, muchas gracias”.
Una vez fuera de la Corte, Javier Laynez abrió una cuenta en X. Norma Piña nunca accedió a ello. El hubiera no existe, pero con toda seguridad hubiesen sido atacados ferozmente por las comunidades oficialistas que están más que entrenadas para ello desde hace varios años. Era entendible que no quisieran entrar al lodo.
Sin embargo, a lo largo de las entrevistas que dio en casi año y medio, el ministro Laynez Potisek alertó de los peligros que conllevaba la reforma y del daño que le haría al país. Así lo hizo también la ministra Ana Margarita Ríos Farjat, quien también acudió a los medios a hablar sobre la reforma judicial y para defender otros asuntos importantes como la prisión preventiva oficiosa, que finalmente no se discutió en el pleno.
El ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá dio menos entrevistas, una de ellas a The New York Times, pero lo hizo en uno de los momentos más duros, en noviembre de 2024, cuando estaba por discutirse en el pleno su proyecto en el que proponía que se eligiera por voto popular solo a los ministros de la Corte, el cual eventualmente no fue discutido a fondo en la sesión del 5 de noviembre, día en que se sepultó la última posibilidad de tirar la reforma judicial por la sorpresiva postura del ministro Alberto Pérez Dayán.
A quien se le ha criticado más duramente por no salir a dar muchas entrevistas o posicionamientos tronantes es a la ministra presidenta Norma Lucía Piña Hernández. ¿Debió hacerlo? La respuesta es sí. Sin embargo, la juzgadora optó por la prudencia en lugar de la estridencia; prefirió no fingir supuestas banderas juveniles o asumiéndose fan del artista de moda o recurrir al insulto o a la mentira. El consejo a Piña Hernández siempre fue que la crítica no se desmiente, se acepta. Piel dura.
Otro caso que llamó la atención por su virulencia fue la de Justo Carranza. Por alguna razón a veces parecía ser un conocedor del mundo de la Corte, pero nadie lo conocía. Sus textos guardaban coincidencia con la línea de pensamiento de otro enconado crítico: Arturo Zaldívar. Su última aparición como colaborador en El Financiero fue el 1 de septiembre de 2025 para señalar, desde su óptica, los cinco errores de Norma Piña.
La reforma judicial deja una advertencia clara: la legitimidad institucional no depende solo de las decisiones jurídicas, sino también de la capacidad de comunicar su valor democrático a la ciudadanía.
Otros analistas y periodistas agudos o con franca afinidad con el régimen, cuyos nombres no se mencionarán aquí por respeto, aceptaron reunirse con la ministra Piña y el intercambio fue siempre respetuoso.
El reto de comunicar desde la Corte
Piña Hernández es la primera mujer que presidió la SCJN, maestra y abogada, ministra de carrera judicial, con más de tres décadas de experiencia en la impartición de justicia y a pesar de los ataques sistemáticos que hubo en su contra, desde los otros poderes y en redes sociales, resistió hasta el último día.
¿Pudo haber tenido más presencia en medios? Sin duda, pero como dijo un presidente de un tribunal constitucional europeo en una reunión con ministras y ministros: “no había manera de parar la reforma judicial, solo con el voto y los ciudadanos en la calle”. Pero los votos los tienen en un puño López Obrador y Morena.
Algunos críticos sostienen que no hizo política para atenuar el golpe, que no salió a las calles ni se subió a los templetes ni se sometió al juicio del mitin. Otros esperaban discursos encendidos, como sí hicieron las ministras afines al régimen (Lenia Batres, señaladamente, y luego en campañas abiertas para obtener el voto Yasmín Esquivel y Loretta Ortiz).
¿El modelo de “hacer política” era el de Arturo Zaldívar? El ministro en retiro y funcionario en el gobierno federal controló la comunicación directa con Palacio Nacional mientras fue presidente de la Corte (2019-2022). López Obrador revelaría después que le llamaba a Zaldívar para pedirle que interviniera en decisiones de juzgadores.
Una de las acciones que se tomaron fue en junio de 2024, cuando se inició la campaña “100 sentencias que hacen justicia”, una pincelada de las más de 100 000 que perviven en el acervo físico y electrónico de la Suprema Corte. Un esfuerzo por contar con sencillez y con las personas que recibieron justicia. Fue insuficiente. Y además esas historias no fueron atractivas para los medios de comunicación, en general.
Hace ya unos siete años una persona a quien tenemos mucho respeto intelectual, hacía ver que un organismo autónomo como el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) necesitaba de una comunicación política y dirigir mensajes a distintos públicos para que puedan ser escuchados más allá del círculo especializado… pero sobre todo también que le era necesario hacer política, dentro de su propia especialización.
Algunas de las muchas enseñanzas de este periodo son que los actores de poder necesitan de la asesoría de comunicadores o periodistas, pero esencialmente es importante que las y los escuchen. La comunicación seguirá siendo un reto para las ministras y los ministros que conforman a la nueva Corte.
Porque también es cierto que el que las personas sepan de división y equilibrio de poderes en democracia, de la existencia de poderes judiciales estatales y federal, fiscalías, pero sobre todo que hay Estado de derecho, que debemos respetarnos conforme a las leyes, no depende solamente del Poder Judicial: falta educación y esa es labor del Estado en su conjunto, una deuda de décadas del Estado mexicano.
Las ministras y los ministros electos tendrán que sacudirse la sombra de que fueron impuestos por medio de acordeones y obtener legitimación. Les espera una ardua tarea para mejorar su imagen y su comunicación.
*Mariluz Roldán Vera es periodista egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Tiene más de una década en el ejercicio en medios como El Universal, La Silla Rota y SuMédico.com. Es co-coordinadora del libro La historia oscura detrás de la pandemia. El baile de cifras de López Gatell (agosto de 2020). Trabajó en la Dirección General de Comunicación Social de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de abril de 2024 a septiembre de 2025.
**Jorge Ramos Pérez es egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con estudios de maestría en Administración por la Universidad Iberoamericana. Fue director general de Comunicación Social de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (abril de 2024-agosto de 2025); y antes fue director editorial y ejecutivo de La Silla Rota; editor y coordinador general de Información en El Universal, donde fue reportero más de una década. Es profesor de la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Es co-coordinador del libro La historia oscura detrás de la pandemia. El baile de cifras de López Gatell (agosto de 2020).


























