Año 1, núm. 4, noviembre de 2025
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¿Qué pasa en el mundo digital de niñas, niños y adolescentes?
Raquel Pastor
Las niñas, niños y adolescentes viven hoy en línea: estudian, juegan, crean y se relacionan en entornos digitales donde también enfrentan riesgos graves de violencia, acoso y exposición sexual temprana.
Hace apenas dos o tres décadas las nuevas tecnologías no tenían la presencia, la importancia y la incidencia que ahora tienen en niñas, niños y adolescentes, aunque había ya una dinámica familiar y una distribución del tiempo condicionados por la televisión. Vertiginosamente, ahora todas las personas, incluidas quienes aún no tienen 18 años de edad, pasan buena parte del tiempo en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).
Desde 2013, el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas advirtió en su Observación General núm. 17 que las TIC se están convirtiendo en una dimensión central de la realidad diaria de la niñez y las adolescencias.
Más del 90 % de las y los adolescentes mexicanos usa internet a diario; la mayoría lo hace sin supervisión adulta.
Los niños de todas las regiones del mundo –afirma el Comité– dedican cada vez más tiempo a jugar y realizar actividades recreativas, culturales y artísticas, como consumidores y como creadores, a través de distintos medios y plataformas digitales: miran la televisión, envían mensajes, participan en redes sociales, juegos y envío de textos, escuchan y componen música, miran y producen videos y películas, crean nuevas formas de arte y publican imágenes, entre otras cosas (DIF-Unicef, 2014, p. 341).
¿Cómo emplean la tecnología las niñas, los niños y las adolescencias?
En 2016, la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales del Instituto Federal de Comunicaciones (IFT) mostró que los dispositivos que utilizaban entonces las personas menores de 12 años de edad para navegar y ver contenidos eran: el 61 % teléfono celular; el 29 % computadora o laptop, el 26 % tableta y el 19 % televisión interactiva (Sipinna, 2019).
Luego, en 2017, la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2017, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), mostró que la mitad de las niñas y los niños de entre 6 y 11 años utilizaba internet o computadora, pero la proporción aumentaba considerablemente en las y los adolescentes (de entre 12 y 17 años), ya que accedían a estos recursos entre el 80 y el 94 %.
También la diferencia era significativa en relación con el uso de teléfonos celulares, ya que sólo el 27 % de las niñas y los niños en edad escolar contaba entonces con uno, mientras que en el caso de las y los adolescentes se trataba del 75 %. Debemos considerar que niñas, niños y adolescentes no cuentan solo con un medio, sino que pueden acceder a múltiples monitores y pantallas.
Antes de la pandemia, en 2019, el Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) advirtió que esta población pasaba cada vez más horas utilizando internet y las redes sociales. Los menores de 12 años dedicaron en promedio cuatro horas y media diarias a la televisión, mientras que navegaban en internet durante 45 minutos; sin embargo, las y los adolescentes utilizaban internet durante 7 horas con 48 minutos al día y solo veían televisión poco menos de dos horas (Sipinna, 2019).
En 2020, la ENDUTIH señaló que el segundo grupo de edad donde está más generalizado el uso de internet es el de las y los adolescentes, con 90.2 %. Por lo que se refiere a niñas y niños de 6 a 11 años, lo utiliza el 68.3 %.
Esta proporción aumenta cada año. Por ejemplo, el número de hogares que disponían de internet en 2020, 21.8 millones (60.6 % del total), aumentó 4.2 puntos porcentuales respecto de 2019, año en el que contaban con internet 20.1 millones de hogares, es decir, el 56.4 % (Inegi, 2020). Según la última ENDUTIH (2025) “desde 2021 –cuando se reportaron 88.6 millones de personas usuarias (75.6%)– el acceso a internet creció en 7.5 puntos porcentuales”, es decir, 100.2 millones de personas.
Este contexto representa grandes oportunidades para el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, pero también importantes riesgos como lo veremos.
Riesgos para el desarrollo de niñas, niños y adolescentes ante la pornografía a la que acceden a través de las TIC
El uso de las nuevas tecnologías es un derecho de niñas, niños y adolescentes que debe garantizarse para favorecer el ejercicio pleno de otros derechos como a la educación, a la información, al descanso, al esparcimiento, al juego, a las actividades recreativas, a la vida cultural y a las artes, entre otros. Por tanto, el Estado mexicano está obligado a reducir la brecha tecnológica en México. Sin embargo, también es importante considerar los riesgos a violaciones a sus derechos como a una vida libre de violencia, a la protección contra cualquier forma de explotación y a un desarrollo integral sano, por lo menos.
Al respecto, el mismo Sipinna ha advertido que la navegación “sin supervisión adulta pone a niñas, niños y adolescentes en riesgo de ver contenidos o establecer contactos en redes sociales que no corresponden a su edad y desarrollo”, como situaciones de sexo o pornografía directa; y distintos tipos de violencia, como ciberacoso, doxing, grooming, sexting, retos y pruebas de amor (Sipinna, 2019).
Pueden recibir mensajes de un extraño malintencionado, pueden encontrarse físicamente con un desconocido, pueden ser acosados por sus semejantes, no hay manera de verificar la edad de la persona con la que se comunican, pueden ver videos o fotos provocativos que les causen daño, les dan acceso a grupos no aptos para su edad y desarrollo, etc. (Sipinna, 2018).
Ante estas preocupaciones cabe preguntarnos si el consumo de pornografía de niñas, niños y adolescentes afecta su desarrollo y, si eso es cierto, cuánta y qué tipo de pornografía consumen.
Para responder, debemos considerar que el tipo de pornografía a la que tuvimos acceso generaciones anteriores es distinto a la de las actuales. Pasamos de modelos que posaban frente a una cámara a la posibilidad de que cualquiera exponga sus experiencias y fantasías; de cuerpos desnudos en posiciones eróticas a imágenes y películas de pornografía dura, chats en línea y actos sexuales en vivo.
Personas expertas en el tema clasificaron la pornografía que encuentran las personas menores de 18 años en las TIC de la siguiente manera:
- Softcore, suave o convencional, de escenas de sexo no explícitas con modelos de cuerpo completo en posturas provocativas.
- Hardcore o explícita, que muestra genitales y el acto sexual, vaginal, anal u oral. “Incluye relaciones entre dos o más personas, ya sean heterosexuales, homosexuales o bisexuales y puede incluir el uso de juguetes sexuales.”
- Con violencia directa, ya que mucha incluye discursos violentos y relaciones de sumisión y humillación, generalmente de las mujeres, con posibles golpes o simulación de violaciones.
- Con escenas de riesgo a la integridad física.
- Ilegal, con escenas con zoofilia; abuso sexual de niñas, niños y adolescentes; violación; tortura; mutilación y necrofilia en las que la mayor parte de las víctimas son mujeres, jóvenes y niñas y niños (Laguarda et al., 2015, p. 35).
Los riesgos para las niñas, los niños y las y los adolescentes que encuentran las personas expertas en educación sexual en estas experiencias son:
- Que hay imágenes difíciles de elaborar por no tener la experiencia de vida que les dé puntos de realidad ni el desarrollo psicosexual que les ayude a entender lo que ven. Las autoras advierten que desde temprana edad es posible encontrar pornografía, aún sin desearlo, y mientras más jóvenes sean, tendrán menos condiciones para comprender e integrar las imágenes, principalmente si son duras y conllevan violencia.
- Emociones de angustia, miedo y, generalmente, sobreestimulación.
- El aprendizaje de la sexualidad de manera distorsionada.
- La naturalización de la dominación de la mujer, la violencia contra ella, parafilias, sexo sin protección y autoerotismo compulsivo.
- La asociación de maltrato-violencia-sexualidad.
- Que crean que la vida erótica se vive sin control.
- Angustia de desempeño.
- Conducta sexual precoz.
- La necesidad de ver pornografía para tener autoerotismo.
- La adicción al consumo de pornografía.
- Que hay niñas, niños y adolescentes que creen que es real todo lo que ven y no una actuación.
- Que se genere la necesidad de buscar contenidos explícitos y se desensibilicen frente a materiales violentos o ilegales. “Una vez que los niños o adolescentes contemplan imágenes explícitas en la pornografía se van desensiblizando llevándolos a buscar nuevas imágenes que pueden ser más fuertes, violentas e incluso ilegales.” (Laguarda et al. 2015, p. 59).
Cabe insistir en que la pornografía generalmente devalúa a la mujer, reduciéndola a objeto de placer sexual para el hombre; y al hombre, al presentarlo como un ser incapaz de controlar sus impulsos, favoreciendo la desigualdad.
Por último, tanto las personas expertas como el propio Comité de los Derechos del Niño advierten que el consumo de pornografía puede derivar en actos violentos de niños y adolescentes al intentar llevar a la práctica lo visto (DIF-Unicef, 2014, p. 238; y Comité de los Derechos del Niño, Observación General núm. 13 en Laguarda et al., 2015, pp. 64 y 65).
Podemos entonces concluir que la pornografía que niñas, niños y adolescentes encuentran a través de internet afecta negativamente su desarrollo integral, por lo tanto debemos saber cuál es la dimensión del problema y qué hace y debe hacer el Estado para garantizarles el derecho a una vida libre de violencia y al desarrollo sano de su personalidad.
Para resolver la primera cuestión tomaremos en consideración la investigación de Laguarda et al., así como la ENDUTIH (2021).
Desgraciadamente, hay poca investigación en México sobre el consumo de pornografía a través de las TIC por parte de niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, sabemos que esta población, a nivel mundial, comienza a ver pornografía alrededor de los 11 años en promedio. La población que más lo hace son los adolescentes (de 12 a 17 años).
Asesoría Educativa y Prevención llevó a cabo una investigación con 730 estudiantes de primaria en instituciones educativas privadas de la Ciudad de México, en la que encontró que más de la mitad de quienes aún no cumplen 14 años ya habían visto pornografía.
Edad en la que han visto pornografía | Hombres | Mujeres |
Entre los 9 y los 13 años | 64 % | 52 % |
Casi todas y todos, es decir, más del 90 %, lo hizo accidentalmente la primera vez. Los medios fueron los siguientes:
Internet | Revista | Televisión de paga |
70 % | 17 % | 10 % |
Como se puede ver, internet fue el medio más utilizado. Veamos a qué edad entraron en contacto:
Edad en que entraron en contacto por primera vez | Hombres | Mujeres |
Entre los 9 y los 10 años | 60 % | 43 % |
Entre los 7 y los 8 años | 15% (no distingue entre hombres y mujeres) |
|
Antes de los 6 años | 6 % | 3 % |
Es de llamar la atención que el 10 % de los niños dijo ver pornografía diario (Laguarda et al., 2015, p. 23).
En otra investigación con 1 000 adolescentes de entre 13 y 18 años de edad, los porcentajes son significativamente más altos:
Han entrado en contacto con la pornografía | Hombres | Mujeres |
Entre 13 y 15 años | 86 % | 60 % |
Entre 16 y 18 años | 98 % | 74 % |
Estas proporciones probablemente se reducirían si se ampliara la investigación a una muestra de la población de todo el país, ya que la ENDUTHI 2020 muestra que el acceso al Internet y el uso de las TIC es diferente en el medio rural y en el urbano.
El primer contacto con la pornografía ocurre en promedio a los 11 años de edad.
Imagen tomada de Inegi/IFT/Secretaría de Comunicaciones y Transportes (2021), En México hay 84.1 millones de usuarios de internet y 88.2 millones de usuarios de teléfonos celulares:
Sin embargo, por tratarse de investigaciones previas a 2015, resulta claro que el acceso a esta tecnología se ha ampliado también en el medio rural.
La última ENDUTIH (2025) señala que desde 2021, el acceso a internet creció 7.5 %, es decir, de 88.6 millones de personas usuarias a 100.2 millones; cuentan con este servicio el 87 % de las personas que viven en el ámbito urbano y el 68.5 % de quienes habitan en el ámbito rural. El porcentaje de adolescentes (personas de entre 12 y 17 años) que utilizó internet fue del 95.1 % y lo hizo durante 4.5 horas al día en promedio (Inegi, 2025).
Podemos concluir, por tanto, que hay posibilidades de que el tipo de pornografía que aparece en internet afecta el desarrollo de una proporción significativa de niñas, niños y, principalmente, adolescentes, violando sus derechos a la protección, a la privacidad, a recibir información adecuada para su edad, al juego, al desarrollo y a una vida sana y libre de violencia y explotación.
Las orientaciones generales de los organismos internacionales
Ante la situación anteriormente descrita, vale la pena revisar qué recomienda el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas a los Estados para garantizar los derechos ahora violentados.
El Comité, en su Orientación General núm. 17 (2013) sobre el derecho del niño al descanso, el esparcimiento, el juego, las actividades recreativas, la vida cultural y las artes, llamó a los países firmantes de la Convención sobre los Derechos del Niño, como México, a adoptar todas las medidas necesarias para que todos los niños, las niñas y las y adolescentes tengan las mismas oportunidades de obtener los beneficios de las nuevas tecnologías. Sin embargo, también expresó su preocupación “por el creciente corpus de pruebas que indican que esos entornos, y el tiempo que los niños dedican a interactuar con ellos, pueden representar también un riesgo y un daño considerables” (DIF-Unicef, 2014, p. 341).
Dos años antes, en su Observación General núm. 13 sobre el derecho del niño a no ser objeto de ninguna forma de violencia (2011), el Comité advirtió que las personas menores de 18 años son especialmente susceptibles a la publicidad, correo electrónico no deseado, patrocinios, información personal y contenidos agresivos, violentos, de incitación al odio, tendenciosos, racistas, desagradables, engañosos y pornográficos.
La fuerte presencia de las TIC en la vida de la niñez, así como de las y los adolescentes, llevó al Comité (2021) a publicar, después del aislamiento social al que obligó la pandemia de covid-19, nuevas directrices sobre cómo deben los Estados proteger los derechos de los niños y las niñas en el entorno digital a través de su Observación General núm. 25. En ella recomienda a los Estados que adopten medidas legislativas y administrativas contundentes para proteger a la niñez y a las y los adolescentes de los contenidos perjudiciales y engañosos, de cualquier forma de violencia producida en el entorno digital, como la trata de niñas, niños y adolescentes; la violencia de género; las agresiones en línea; los ciberataques y los conflictos informativos (Organización de las Naciones Unidas, 2021).
Específicamente llama a:
- Proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes en el entorno digital.
- Desarrollar normas y regulaciones que promuevan estos derechos.
- Asegurarse de que todos los actores implicados conocen estas normas y las aplican, incluso las empresas del sector, las familias, las y los educadores y los propios niños, niñas y adolescentes.
- Escuchar a niños, niñas y adolescentes cuando se encuentren con problemas en su navegación en internet o redes sociales.
- Priorizar los derechos de las personas de entre cero y 17 años de edad.
- Asegurar que existan mecanismos de regulación y control ante la vulneración de los derechos de niñas, niños y adolescentes en el entorno digital.
- Asegurarse de informar a las niñas, los niños y las y los adolescentes sobre las medidas que tomen las autoridades para garantizar sus derechos en el entorno digital y promover que se sientan seguros al navegar en internet y al utilizar plataformas digitales (Unicef España, 2023).
Es evidente que falta mucho por hacer para garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes en el medio digital, pero podemos comenzar por involucrarnos en este mundo para conocerlo, revisar nuestra legislación y saber en qué medida se aplica a partir de conocer también las realidades que viven niñas, niños y adolescentes. Por último, tendremos que consultarles sobre sus necesidades para sentirse protegidos y libres.
Referencias
- DIF-Unicef. (2014). Observaciones Generales del Comité de los Derechos del Niño.
- Inegi. (2017). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2017.
- Inegi-SCT-IFT. (2021, 22 de junio). En México hay 84.1 millones de usuarios de Internet y 88.2 millones de usuarios de teléfonos celulares: ENDUTIH 2021. Comunicado de prensa núm. 352/21.
- Inegi. (2025). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de la Información en los Hogares (ENDUTIH). Reporte de resultados 9/25.
- Laguarda, Elena, Laguarda, María Fernanda, y Regina Novelo. (2015). A un clic de distancia. Estrategias para abordar el tema de la pornografía con niños y adolescentes. Urano.
- Organización de las Naciones Unidas. (2021). Expertos piden medidas contundentes para proteger a los niños de la violencia en internet.
- Sipinna. (2018). Algunos riesgos en las redes sociales para niñas, niños y adolescentes.
- Sipinna. (2019). ¿Qué tanto sabes sobre niñez y redes sociales?
- Unicef España (2023). La Convención sobre los Derechos de la Infancia se adapta a un mundo tecnológico.


























