Año 1, núm. 3, octubre de 2025
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“Ellas pelean por algo tan sencillo como que las dejen vivas”: Ximena Céspedes y la urgencia de frenar los feminicidios en México
Entrevista a Ximena Céspedes
Jesús Caudillo
El feminicidio expone la vulnerabilidad extrema de las mujeres en México: 11 asesinadas cada día. La impunidad judicial perpetúa el ciclo, mientras organizaciones ciudadanas impulsan prevención, acompañamiento y cultura de paz para salvar vidas.
El 12 de septiembre de 2023 marcó un antes y un después en la vida de Ximena Céspedes. Empresaria y especialista en comunicación y manejo de crisis, nunca pensó que tendría que enfrentar la más dolorosa de todas: la muerte de su hija Ana María, asesinada por su exnovio.
“La vida nos lleva a donde tenemos que estar y no necesariamente uno decide esas cosas,” dice ahora, al recordar cómo pasó de manejar reputaciones de empresas a luchar por que el nombre de su hija no quedara atrapado en la indiferencia.
Ana María no provenía de una familia violenta, no tenía carencias económicas, no vivía en un entorno de riesgo. Su caso rompía todos los estereotipos que a menudo se usan para explicar –o justificar– un feminicidio. Y, sin embargo, murió en su propia casa, en manos de quien había sido su pareja.
Esa paradoja convirtió el caso en un símbolo: ninguna mujer está a salvo en un país donde 11 son asesinadas cada día. Y convirtió a Ximena en activista.
En México, 11 mujeres son asesinadas cada día.
El feminicidio como espejo social
Al inicio, confiesa, incluso ella tenía una lectura limitada del feminismo: “Pensaba que la lucha era por igualdad laboral, por condiciones familiares. Pero cuando fui a mi primera marcha del 8 de marzo entendí que peleaban por algo tan sencillo como que las dejen vivas.”
La frase sintetiza el trasfondo estructural: en México y América Latina, el feminicidio no es un accidente aislado, sino la expresión más extrema de una cultura que normaliza el control, los celos, la violencia doméstica y la impunidad judicial.
Ana María, dice su madre, fue asesinada dentro de los 90 días posteriores a la ruptura con su agresor. Está comprobado que esa etapa es la más peligrosa en cualquier relación violenta, es donde se concentran los casos de feminicidio.
Cinco señales que pudieron salvarla
De la experiencia de su hija, Ximena identifica cinco señales de alerta que se repiten en miles de casos y que, si fueran reconocidas a tiempo, podrían salvar vidas:
- Control excesivo. Conductas que buscan dominar la vida cotidiana de la pareja.
- Celos disfrazados de cuidado. Pretextos para vigilar, cuestionar o restringir.
- Aislamiento social. Separar a la víctima de su familia y amistades.
- Cambios de temperamento. Arranques de ira o conductas impredecibles.
- Menosprecio y violencia económica. Palabras o acciones que buscan degradar la autoestima y la independencia.
“Si todos entendiéramos esas cinco señales, saldríamos antes de una relación y no esperaríamos al primer golpe,” explica. En el caso de Ana María, esas señales estuvieron presentes, pero la falta de información, sumada al estigma social que culpabiliza a las víctimas, las volvió invisibles.
5 señales de alerta anticipan relaciones de alto riesgo: control, celos, aislamiento, cambios de temperamento y menosprecio económico.
Un juicio interminable: la revictimización
Dos años después, el juicio contra el feminicida aún no ha comenzado. Amparos y recursos han prolongado indefinidamente la etapa intermedia. “Llevamos seis audiencias intermedias, vamos para la séptima. Una persona que tiene que trabajar no puede ir tantas veces sin perder su empleo. Eso es revictimización”, denuncia Ximena.
Para ella, la verdadera revictimización no es contar la historia mil veces en entrevistas o declaraciones; es tener que enfrentar al asesino en audiencias semanales, soportar la indiferencia institucional y sostener un proceso que parece diseñado para desgastar a las víctimas.
Fundación Naná: salvar vidas desde el dolor
De ese dolor nació la Fundación Naná, llamada así por el apodo cariñoso de Ana María. La organización busca transformar la tragedia en herramientas de prevención y acompañamiento.
Entre sus proyectos destacan:
- Carpeta púrpura: guía práctica para mujeres que deciden denunciar violencia, con pasos legales claros y recomendaciones sobre pruebas.
- Caja púrpura: un software en desarrollo junto con Microsoft que analiza conversaciones digitales y detecta patrones de control o violencia.
- Banderas rojas: material interactivo para jóvenes, con ejemplos de conductas peligrosas disfrazadas de amor.
- Cursos de buen trato: talleres en escuelas y empresas para fomentar relaciones basadas en respeto mutuo.
Ximena asegura que los resultados ya se ven: “Yo sé, por conciencia, que hemos salvado al menos 10 vidas.” Su aspiración es cambiar la narrativa de cada 8 de marzo: en lugar de contar a las mujeres asesinadas, contar a las mujeres salvadas.
Responsabilidad de todos
El feminicidio, sostiene, no es un problema exclusivo de las mujeres. Es responsabilidad de toda la sociedad.
- De los hombres: porque muchos agresores no son monstruos ajenos, sino hombres comunes que pierden el autocontrol, de ahí la necesidad de programas de terapia y reinserción.
- De las familias y comunidades: porque normalizan actitudes de control y permiten que escalen hasta el abuso.
- Del Estado: porque las leyes ya existen, pero rara vez se aplican con firmeza.
“El problema del feminicidio no es de las mujeres; es de toda la sociedad”, afirma.
Romper con la culpa
Uno de los aprendizajes más duros que Ximena transmite a otras madres es que la culpa no les pertenece. “El culpable es el que la mató. Eso tenemos que tenerlo claro.”
Las familias cargan con preguntas imposibles: ¿por qué no vimos las señales?, ¿por qué no estuvimos ahí? Pero esa culpa, insiste, solo perpetúa la violencia. La única responsabilidad está en el agresor.
Fundación Naná ha logrado salvar al menos 10 vidas desde su creación.
De Colombia a México: lecciones de paz
Colombiana de origen, Ximena ve paralelos entre México y el narcoterrorismo que desangró a su país. Recuerda campañas de civismo que enseñaban lo más básico: respetar un semáforo, no tirar basura, cuidar el agua. Pequeños actos que reconstruyeron la convivencia.
“Nos está faltando lo más básico: no le hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti mismo. Empecemos por ahí.” En México, propone un cambio cultural que no se limite a castigar al agresor, sino que siembre hábitos cotidianos de respeto y empatía.
Una voz que incomoda, una esperanza que inspira
La historia de Ana María es una herida abierta, pero la voz de su madre es también una brújula. En un país con 11 feminicidios diarios, escuchar a Ximena Céspedes es escuchar a miles de familias que exigen justicia y cambios de fondo.
“No tienes que esperar a que haya un muerto en tu casa para actuar. Tenemos que dejar de normalizar la violencia.”
En el número de El Diluvio dedicado a las violencias, su testimonio no es solo denuncia, es también propuesta. Desde las señales de alerta hasta los programas de prevención, desde la crítica a la impunidad hasta la invitación a construir una cultura de paz, la entrevista es un recordatorio de que la violencia no es inevitable y de que, con responsabilidad compartida, todavía se pueden salvar vidas.


























